Arturo Acosta
Reconstructor de sueños rotos
No sé
donde empezó todo,
ni como, ni cuando.
Como en el lecho de un río, turbulencia ansiosa de tu espasmo,
mi cuerpo se arrastró hacia tí urgido de la savia de tus pechos, de tus labios.
De pronto todo yo y toda tú y nuestros cuerpos agitados,
y mis besos y mi lengua recorriendo los confines de tus mundos
inexplorados...
No sé.
Mis memorias no me alcanzan para guardarte, vertiginosa, vorágine
como olas, como truenos de tormentas bravas, que me comen y me escupen
a la playa.
La calma.
Y vienen los olvidos de lo eterno en tu instante donde explotan tus entrañas...
donde empezó todo,
ni como, ni cuando.
Como en el lecho de un río, turbulencia ansiosa de tu espasmo,
mi cuerpo se arrastró hacia tí urgido de la savia de tus pechos, de tus labios.
De pronto todo yo y toda tú y nuestros cuerpos agitados,
y mis besos y mi lengua recorriendo los confines de tus mundos
inexplorados...
No sé.
Mis memorias no me alcanzan para guardarte, vertiginosa, vorágine
como olas, como truenos de tormentas bravas, que me comen y me escupen
a la playa.
La calma.
Y vienen los olvidos de lo eterno en tu instante donde explotan tus entrañas...