Jorge Salvador
Poeta adicto al portal
De viejo quiero ser un joven verde
y hacer mi capa un sayo;
quitarle la razón a los problemas
y usar la realidad para cambiarla
según mis conveniencias.
De viejo quiero estar en plena forma
y no parar de echarte carrigüelos
hasta que digas basta;
pintarle una sonrisa a la tristeza
y hartarme de tocino hasta el delirio
por ley de mis cojones.
La muerte ya vendrá, pero hasta entonces
no pienso celebrar mis funerales
ni usar la sepultura;
que esperen los gusanos por ahora
o se vayan comiendo otros despojos.
Que sufran hasta hartarse mientras vivo
mis cienes de enemigos
y esperen la ocasión mis herederos
-si puede ser sentados-
para heredar mis deudas unos años
(los que tardo en saber por dónde se va al cielo
y para qué me necesitan allá arriba).
Tan sólo pido a Dios, cuando la diñe,
ya una vez yo en los cielos (o el infierno)
que los que me quisieron (si los hubo)
y los que no, que juran que lo hicieron,
me encarguen si es posible cuatro misas
en una iglesia cara;
que exalten mis ninguna cualidades
y olviden el millón de mis defectos
los que los padecieron
y los que los obviaron por cariño
o porque me mandaron a la mierda.
De viejo –lo prometo-
no pienso fallecer ni aunque me entierren,
por si al cabo resulta que la muerte
no es más que otro artificio de la vida…
y hacer mi capa un sayo;
quitarle la razón a los problemas
y usar la realidad para cambiarla
según mis conveniencias.
De viejo quiero estar en plena forma
y no parar de echarte carrigüelos
hasta que digas basta;
pintarle una sonrisa a la tristeza
y hartarme de tocino hasta el delirio
por ley de mis cojones.
La muerte ya vendrá, pero hasta entonces
no pienso celebrar mis funerales
ni usar la sepultura;
que esperen los gusanos por ahora
o se vayan comiendo otros despojos.
Que sufran hasta hartarse mientras vivo
mis cienes de enemigos
y esperen la ocasión mis herederos
-si puede ser sentados-
para heredar mis deudas unos años
(los que tardo en saber por dónde se va al cielo
y para qué me necesitan allá arriba).
Tan sólo pido a Dios, cuando la diñe,
ya una vez yo en los cielos (o el infierno)
que los que me quisieron (si los hubo)
y los que no, que juran que lo hicieron,
me encarguen si es posible cuatro misas
en una iglesia cara;
que exalten mis ninguna cualidades
y olviden el millón de mis defectos
los que los padecieron
y los que los obviaron por cariño
o porque me mandaron a la mierda.
De viejo –lo prometo-
no pienso fallecer ni aunque me entierren,
por si al cabo resulta que la muerte
no es más que otro artificio de la vida…