Mis pasos

kalkbadan

Poeta que considera el portal su segunda casa
MIS PASOS

Como todos los días bajo a por el pan
y compro unos cruasanes para los chavales.
Hago el mismo trayecto a la misma hora
y la calle va estrenando en mí nuevas preguntas;
¿debería llevar un carrito de la compra?,
¿debería cubrirme con una mascarilla?,
¿por qué odio tanto a la gente que odia?,
¿por detenerme y darle un beso a un buen amigo
acaso soy un mal ciudadano?
Y me acuerdo de mi amigo Marco.
Dicen que ya llegó la primavera,
¿pero hasta qué punto existe si no la observamos con el alma
y sentimos su brisa en nuestras sienes?
Y paseo lento, muy lento,
y procuro que se escuchen bien mis pasos, como un grito,
como si así pudiera recuperar aquel trasiego de vida,
pero este acto invocador de lo cotidiano
no sirve para llenar sino más bien para todo lo contrario.
Lo cotidiano...; siempre he creído en su rotunda belleza,
en ese mundo sutil y crudamente animal.
Un mundo que ahora echamos tanto de menos
porque dejó de repetirse
transmutándose en algo excepcional.
¡Pero no nos engañemos!, lo cotidiano sigue entre nosotros
esperando, como siempre, a ser rescatado
por la ceguera de nuestra perezosa consciencia,
—a ver si de esta aprendo de una puta vez
a escribir versos que valgan la pena —me digo.
Y camino lento, muy lento, y escucho mis pasos
y me doy miedo.

Siempre me gustaron los paseos nocturnos.
Qué maravilla las charlas infinitas con el sabio de Camilo.
Qué maravilla, también, las cervezas
que acarician al gato de mi mente…
De vuelta a casa, habiendo narcotizado al cobarde que hay en mí
busco las calles más estrechas y oscuras
y golpeo con fuerza mis pasos contra las losetas,
y corro y después me siento en un portal
mientras escucho murmurar a la luna y júpiter
cosas sobre mí. Pura envidia.

Y me doy cuenta de que me equivoco,
porque mis pasos en esta mañana de abril
son un tambor
que suena a rebato.
Me equivoco porque son las diez de la mañana
y el sol está clavado y muerto en la acera
y no hay una puta alma en la calle,
y si hay alguien, es una persona disfrazada de cirujano
con la mirada torcida y que llega tarde a algún lugar.
Me equivoco, maldita sea, porque el mundo
no necesita de mi presencia.
Me equivoco, porque es de día y las pesadillas son de noche.

—Una barra de pan y dos cruasanes, por favor.

Hace ya más de una semana que no me cruzo con Lola.
Apenas la conozco, pero es de esa poca gente
con la que tienes la certeza de que es profundamente buena.
Será el afecto con el que acaricia a su perro,
o la ternura (y paciencia) con la que le habla a su hija,
o quizá ese temblor que sostiene en su voz.
No lo sé..., pero la quiero y no la conozco.

Y pienso en cómo los humanos cuando son jóvenes
se aferran a la vida estallando sus uñas contra el ataúd, si hace falta,
porque el joven debería ser inmortal.
Y si muere, siempre muere con las botas puestas, eso es lo jodido.
Pero el anciano ya camina descalzo,
y camina en paz, quizá desorientado,
quizá con pena, pero sin hacer ruido.
Y en esa calma, hay tiempo para tender la palma de la mano
al aire y pescar una última caricia;
hay tiempo, en esa calma, para el beso pendiente,
para decir una palabra, lo que sea, en esa calma.
Qué tristeza tan grande, qué tristeza
tanto ademán vacío que abanica en estos momentos
los pasillos de los hospitales. No se lo merecen.
Nadie se lo merece.

Llego al semáforo y está en rojo,
me detengo y hago como si la cosa no fuera conmigo.
Y paseo lento, muy lento, hasta las rejas del portal
y echo un último vistazo a la calle ante la impávida
presencia de las acacias.

Abro la puerta y Lena se me abalanza
reclamando su cruasán, pero sostiene su abrazo
más allá de lo que su alma de abedul acostumbra,
y lo hace, porque conoce muy bien a su padre.

Bea, ya llegó la primavera.
¡Chavales!, hoy despejamos el balconcillo
que a nosotros no nos roba el mes de abril


ni dios.


Kalkbadan
Madrid, en este viernes 3 de abril de 2020
 
Última edición:
Genial, Andreas ...una verdadera preciosidad. Volveré, seguro. Mis aplausos, querido amigo. Un gran abrazo.
 
La primavera llegó, compañero, sigue su curso
y nos invita a descubrirla desde otra perspectiva,
haz un hueco en el balconcillo que acabo de mandar un abrazo...
Qué gran poema, querido Andreas, volveré en otro momento.
Cuídate y cuida de los tuyos...
 

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