¡ALEJATE! ¡Ser inepto, calamidad incongruente, escoria insípida, detrito insignificante!
Retirarse, mentes insípidas, humanos molestos, gusanos amorfos.
Dejen ya este cuerpo sin delito ni pecado, apártense ya de este ser vanidoso y deiforme, crucen ya el abismo y oculten su humanidad en la obscuridad, habitad de los obscuros.
Absuelvan ya el pecado de su existencia y entréguense a Caronte para que naveguen por fin por el rio estigia.
Y porque no abría de encontrar tal aversión hacia seres tan incultos, si de mi palabra yo existo y a mi palabra yo acudo, encuentro en compañía de mediocres gusanos, inmundicia abultada en palabras ya encharcadas en una banal sociedad.
Con esto revalúo y replanteo la ignorancia y falaz comportamiento de mi amigo el humano, desgraciado ser viviente que reside en el presente con sueños de un mañana y aspiración de más materia para hacer del conocimiento una ya vieja usanza, empolvada en las esquinas de lo que quizá fueron, alguna vez, dioses de un Olimpo terrenal.
Me despido con palabras de grandeza y elocuencia ya ensimismado en la idea de odiar a esta gente y entregarme en alma y cuerpo a esta utopía hermosa que deleita la misantropía.
Dedicado a: Jennifer Longoria Guadarrama.
Retirarse, mentes insípidas, humanos molestos, gusanos amorfos.
Dejen ya este cuerpo sin delito ni pecado, apártense ya de este ser vanidoso y deiforme, crucen ya el abismo y oculten su humanidad en la obscuridad, habitad de los obscuros.
Absuelvan ya el pecado de su existencia y entréguense a Caronte para que naveguen por fin por el rio estigia.
Y porque no abría de encontrar tal aversión hacia seres tan incultos, si de mi palabra yo existo y a mi palabra yo acudo, encuentro en compañía de mediocres gusanos, inmundicia abultada en palabras ya encharcadas en una banal sociedad.
Con esto revalúo y replanteo la ignorancia y falaz comportamiento de mi amigo el humano, desgraciado ser viviente que reside en el presente con sueños de un mañana y aspiración de más materia para hacer del conocimiento una ya vieja usanza, empolvada en las esquinas de lo que quizá fueron, alguna vez, dioses de un Olimpo terrenal.
Me despido con palabras de grandeza y elocuencia ya ensimismado en la idea de odiar a esta gente y entregarme en alma y cuerpo a esta utopía hermosa que deleita la misantropía.
Dedicado a: Jennifer Longoria Guadarrama.
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