BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hay allí
huracanes y flores
racimos inhóspitos de lluvia
golpeando suaves cadáveres
sutiles reminiscencias ahogadas
en vómitos casuales, en papeles
giratorios como un cómic.
Existen todavía certidumbres
cercenadas, fémures, y un rojizo
esplendor detrás de cada calle apaleada.
Una tierna ribera con sus juncales apasionados,
que busca la lengua de una orquídea juvenil, y
muestra a sus vástagos, la coyuntura del frío.
Una madre inquieta por el goteo incesante
de turistas con sus coches metálicos, y una fragancia
turbulenta y un variopinto crepúsculo natal.
La vida entonces, se resuelve en misteriosos
anuncios de pañales, en metódicos horarios
rectangulares, en círculos abominables, quizás
en secuencias de olivos que una frente risueña
piensa y rehace.
La gélida maldad todavía tiene manos, y sueña
en el hueco de un regazo cuyo vientre es hermoso.
©
huracanes y flores
racimos inhóspitos de lluvia
golpeando suaves cadáveres
sutiles reminiscencias ahogadas
en vómitos casuales, en papeles
giratorios como un cómic.
Existen todavía certidumbres
cercenadas, fémures, y un rojizo
esplendor detrás de cada calle apaleada.
Una tierna ribera con sus juncales apasionados,
que busca la lengua de una orquídea juvenil, y
muestra a sus vástagos, la coyuntura del frío.
Una madre inquieta por el goteo incesante
de turistas con sus coches metálicos, y una fragancia
turbulenta y un variopinto crepúsculo natal.
La vida entonces, se resuelve en misteriosos
anuncios de pañales, en metódicos horarios
rectangulares, en círculos abominables, quizás
en secuencias de olivos que una frente risueña
piensa y rehace.
La gélida maldad todavía tiene manos, y sueña
en el hueco de un regazo cuyo vientre es hermoso.
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