Julius 12
Poeta que considera el portal su segunda casa
Se descalzó la adversidad repentina y en su firmes contornos, pudorosos contornos, tropezó con esas baldosas que mojaron el rocío invernal. La alzada voz del sombrío vendedor de chupetines, el fulgor con que frota sus gastadas manos, el carrusel de pasos torpes de los cartoneros, como si pudiesen aliarse con la espuria realidad, el aire terco que oscila y deslumbra desde tus ojos, fueron testigos de tu enojo conmigo. Sobre el desnudo paisaje de árboles, sobre el césped rezumante, emergen destellos salvajes que de repente te acercan a mi vaho; en un enclave de horror misterioso, de horror presentido, de horror que paraliza pues algo o alguien te acerca a mi cuerpo enfriado por tu cuerpo, mi cuerpo se envuelve en el espectro nocturno y surgen temores compartidos; lúgubres miradas emplea la monotonía para expedirse, para achicar la distancia de sueños incoloros. Y esa desmesura preanuncia perfiles de coronas tristes, de coronas desdichadas que te pertenecen pues ya no sabes amar la ternura.
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