BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hay un hueso de puro vidrio
de puro vidrio descolocado
al fondo inservible de tantas cosas
y árboles desubicados. Existen
una mayoría de partes redondeadas,
como puntas de hacha antiguas y sus vestigios.
Hay un camión de basuras siempre destartalado
existiendo y empujando su sonora cavidad olorosa,
y un cuerpo de hombre que ahuyenta su soledad
como puede.
Hay un terreno de tierra baldío, y unas cúpulas
abovedadas que existen sólo por mí, cuyos tentáculos
y arquitrabes me fascinan y me alucinan. Las leyes
en este trozo de tierra, no despliegan su jurisprudencia.
Combaten trozos de metal las llaves auténticas
de cofres cerrados y sanguíneos.
Contrasta con todo eso, con la yerba alta
y el natural azote del aire en mitad de la planicie,
el sonido amodorrado de televisores y transistores
remendados. Mis amigos duermen. La vida duerme.
No es aquí ese impulso de vida íntima y de azufre
debilitado. Ni esa ausente contrariedad de los labios
apenas esbozados. En sus jardines la vida también
duerme, eso sí, con mucho miedo, con tenientes
de rabia pura y con ese hueso de cristal, que siempre observo.
©
de puro vidrio descolocado
al fondo inservible de tantas cosas
y árboles desubicados. Existen
una mayoría de partes redondeadas,
como puntas de hacha antiguas y sus vestigios.
Hay un camión de basuras siempre destartalado
existiendo y empujando su sonora cavidad olorosa,
y un cuerpo de hombre que ahuyenta su soledad
como puede.
Hay un terreno de tierra baldío, y unas cúpulas
abovedadas que existen sólo por mí, cuyos tentáculos
y arquitrabes me fascinan y me alucinan. Las leyes
en este trozo de tierra, no despliegan su jurisprudencia.
Combaten trozos de metal las llaves auténticas
de cofres cerrados y sanguíneos.
Contrasta con todo eso, con la yerba alta
y el natural azote del aire en mitad de la planicie,
el sonido amodorrado de televisores y transistores
remendados. Mis amigos duermen. La vida duerme.
No es aquí ese impulso de vida íntima y de azufre
debilitado. Ni esa ausente contrariedad de los labios
apenas esbozados. En sus jardines la vida también
duerme, eso sí, con mucho miedo, con tenientes
de rabia pura y con ese hueso de cristal, que siempre observo.
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