cómo duele dejar a mi familia
y dejar mi tierra e ir a otra para ser esclavo-delincuente
y trabajar tanto y ganar tan poco
y la piel chamuscada por el sol recalcitrante de miles de días
y la basura en los ojos que no ven para cuándo
y las manos ajadas de empuñar la herramienta-grillete
y las rodillas rendidas
de estar hincadas ante los mil rosales del amo-americano
y la espalda molida por miles de horas cosechando tomate
y ver al gringo altanero tomando cerveza en su deportivo
y que te traten como sí fueras menos que ellos
y las lágrimas que no se pueden llorar
y más que todo,
cómo duele el hambre de justicia
Ufffffffffffff, amigo, me emocionas, sí, me emocionas. Es que llego a tu perfil, y todo cuanto leo es grande, conmovedor, profundo, acertado, y adornado con una riqueza poética, en el registro de poesía libre, que es para admirar. Eres un poeta como la copa de un pino (como decimos en España... ""como la copa de un pino""..., para significar que es lo más, lo más grande).
Mi admiración, y mi regocijo al ver a un poeta de tu talla. Siempre elevas mi espíritu con tu poesía, siempre, sea cual sea el tema en la que se ubica. En este poema has dado en la diana respecto a la desigualdad Norte-Sur, has rescatado la humanidad de los oprimidos, has denunciado la prepotencia de los opresores, y has dejado unas pinceladas de lucha, a través del verbo poético, en aras de la justicia social. Desde España, los que somos izquierdistas, sabemos de esas desigualdades, sabemos de la falacia de los yankis, sabemos del sufrimiento del pueblo hermano hispanoamericano, sí, y los que somos ya sarmientos viejos y endurecidos, como yo, lo sabemos desde los años 60 y 70, cuando, en mi juventud, me solidarizaba, junto a miles de camaradas comunistas, luchadores antifranquistas, con la lucha obrera y campesina de nuestros hermanos sudamericanos y centroamericanos.
Mi admiración, camarada.
Te dejo un fuerte abrazo.