daniel amaya
Poeta fiel al portal
En el rincón
de la nada zafia
la cruel cárcel del pecho
donde mueren las cosas,
en el albor
escrito en niebla
tiritando por existir
desde los peculios de la sombra,
en los navíos que van
en rumbo ciego
encubados como en algodón espeso,
en los huesos que crujen
por las manos del frío
que apuñalan con dolor profundo,
con dolor, dolor, dolor…
Hay un aro en el cielo
sombrío como ojos de cuervo
mostrando salidas falsas
en la luz que no enciende,
en la cárcel del pecho
donde todas las cosas mueren
los muros de humo
controlan los leños
que el alma extingue,
la horas van en un carrusel
en la cabellera de la noche
galopando en círculos
hacia la oscuridad oculta,
con dolor, dolor, dolor.
Las noches,
los días,
los quebrantos del ocaso
los amaneceres sin color,
un oasis de momento…
de la nada zafia
la cruel cárcel del pecho
donde mueren las cosas,
en el albor
escrito en niebla
tiritando por existir
desde los peculios de la sombra,
en los navíos que van
en rumbo ciego
encubados como en algodón espeso,
en los huesos que crujen
por las manos del frío
que apuñalan con dolor profundo,
con dolor, dolor, dolor…
Hay un aro en el cielo
sombrío como ojos de cuervo
mostrando salidas falsas
en la luz que no enciende,
en la cárcel del pecho
donde todas las cosas mueren
los muros de humo
controlan los leños
que el alma extingue,
la horas van en un carrusel
en la cabellera de la noche
galopando en círculos
hacia la oscuridad oculta,
con dolor, dolor, dolor.
Las noches,
los días,
los quebrantos del ocaso
los amaneceres sin color,
un oasis de momento…
Última edición: