El zumbido apacible de las moscas,
fecunda el viento de las horas muertas.
Cuando el eco agoniza se abren puertas,
y las malas bondades se hacen toscas.
Incertidumbres polvorientas, malas,
bajando de las viejas convulsiones,
donde viven aquellas ilusiones
de pajaros sin cantos y sin alas.
Todo nace del suelo moribundo,
y amamantando por la lluvia crece
estimulando en su verdor el mundo.
Despues los dias van pasando, y trece,
es el numero ideal y nausebundo,
para mirar el mundo que perece.
german g