Viento de américa
Poeta adicto al portal
¡Hola, pequeño!
¿Andas perdido?
Ya veo. Te llamas Pistón.
No llores. Te conozco.
Te he visto todas las mañanas.
¡También a tu dueña!
Esa que pone cara de contento
cuando, agarrada a la correa,
la sacas a pasear.
Y dices que su piel sabe a coco.
¡Claro!, tú debes saberlo muy bien,
sus manos y ese lunar en la barbilla
han estado más cerca de tu lengua
que de la mía.
Pero dime,
aquí, en confianza,
¿cómo le digo que por su culpa no duermo
y sus ojos amanecen en los míos?
¡Buenos días, señorita!
Creo que este perro es suyo.
Estaba a punto de llevárselo.
No. No agradezca nada.
Hasta luego...
¡Oye! -al perro-,
lo de las croquetas olvídalo,
no funcionaría.:::sorpresa1:::
¿Andas perdido?
Ya veo. Te llamas Pistón.
No llores. Te conozco.
Te he visto todas las mañanas.
¡También a tu dueña!
Esa que pone cara de contento
cuando, agarrada a la correa,
la sacas a pasear.
Y dices que su piel sabe a coco.
¡Claro!, tú debes saberlo muy bien,
sus manos y ese lunar en la barbilla
han estado más cerca de tu lengua
que de la mía.
Pero dime,
aquí, en confianza,
¿cómo le digo que por su culpa no duermo
y sus ojos amanecen en los míos?
¡Buenos días, señorita!
Creo que este perro es suyo.
Estaba a punto de llevárselo.
No. No agradezca nada.
Hasta luego...
¡Oye! -al perro-,
lo de las croquetas olvídalo,
no funcionaría.:::sorpresa1:::
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