Caín666
Poeta recién llegado
Te encontré tarde y las palabras para decirte te deseo llegarán también tardías.
No me dueles, ni siquiera te quiero, pero hay algo en mí que es tuyo y que no podré darte.
Mi mejor argumento es el silencio, mi único consuelo el mirarte de lejos, tan mía, tan familiar a esas tardes que no pasamos apedreando ventanas de las casas que nos disgustaban. Aún así, deberías saber que todas las noches digo siete veces tu nombre, lo repito bajito, bajito para que se impregne en las cosas y después se las lleve el viento en el ruido o con el polvo; que imagino tu voz diciendo palabras cálidas la niña se ha dormido, en el cajón esta tu reloj, ha muerto el canario, hazme el amor; luego me acostumbro a tu ausencia combinando colores, recetándome diversiones que me lleven fuera de ti, conversando con la gente a la que no le importas, la que no te conoce, la que no ha podido mirar el mundo a través de tu belleza. Pido a tus ángeles y a mis demonios que te lleven bien a casa, que consuelen tu sueño, que alivien tu cansancio, que vivas algo más, no sé qué, algo más.
Exhibo en mi vitrina de liquidaciones lo que siento por ti, lo dejo morir de hambre ahora que me alejo sin dar marcha atrás ya que he mirado mucho hacia delante y no te encuentro y no cabes ni siquiera en mis anchos sueños. Sé que entiendes mis palabras y que se siembran en ti para dar fruto podrido, por que esto es una manzana naciendo de un árbol de duraznos; has visto los duraznos, se parecen a ti, suaves a la caricia (lo imagino en el roce de tu piel), pequeños y alegres, frescos, tiernos al tacto, pero su corazón, al igual que tuyo, es duro y busca la tierra para sembrarse ahí.
Yo sé que a ti no te importa, es el deseo, tonto niño con los ojos cubiertos, él que corre para abrazarte y llamarte madre, y aferrarse a ti como el primer día de colegio, como el Sol a la vida a eso de las 6:00 p.m. Reconozco que soy un pobre Diablo, poniendo en claro algunas cosas en papel, a la luz del cigarro con la mano en el bolsillo, arrojando cartas marcadas, jugando solo y perdiendo la partida.
Hemos de aprender que hay cosas que no cura el tiempo, ni siquiera nos lo hará ver con mayor claridad; en el lago de mi mente siempre existirá una piedra cayendo para enturbiar el agua; que no se halla tranquilidad en donde existe el deseo, y nadie que te desee realmente (hablo de mujer a mujer y de hombre a hombre, de barro a barro, no de la manera sexual o estética, cualquiera que te mire puede hacer eso, sino como parte de uno, como una necesidad) esperará mirarte a los ojos y encontrar alivio, tranquilidad, antes darás angustia y desesperanza, duda y desengaño.
azul
No me dueles, ni siquiera te quiero, pero hay algo en mí que es tuyo y que no podré darte.
Mi mejor argumento es el silencio, mi único consuelo el mirarte de lejos, tan mía, tan familiar a esas tardes que no pasamos apedreando ventanas de las casas que nos disgustaban. Aún así, deberías saber que todas las noches digo siete veces tu nombre, lo repito bajito, bajito para que se impregne en las cosas y después se las lleve el viento en el ruido o con el polvo; que imagino tu voz diciendo palabras cálidas la niña se ha dormido, en el cajón esta tu reloj, ha muerto el canario, hazme el amor; luego me acostumbro a tu ausencia combinando colores, recetándome diversiones que me lleven fuera de ti, conversando con la gente a la que no le importas, la que no te conoce, la que no ha podido mirar el mundo a través de tu belleza. Pido a tus ángeles y a mis demonios que te lleven bien a casa, que consuelen tu sueño, que alivien tu cansancio, que vivas algo más, no sé qué, algo más.
Exhibo en mi vitrina de liquidaciones lo que siento por ti, lo dejo morir de hambre ahora que me alejo sin dar marcha atrás ya que he mirado mucho hacia delante y no te encuentro y no cabes ni siquiera en mis anchos sueños. Sé que entiendes mis palabras y que se siembran en ti para dar fruto podrido, por que esto es una manzana naciendo de un árbol de duraznos; has visto los duraznos, se parecen a ti, suaves a la caricia (lo imagino en el roce de tu piel), pequeños y alegres, frescos, tiernos al tacto, pero su corazón, al igual que tuyo, es duro y busca la tierra para sembrarse ahí.
Yo sé que a ti no te importa, es el deseo, tonto niño con los ojos cubiertos, él que corre para abrazarte y llamarte madre, y aferrarse a ti como el primer día de colegio, como el Sol a la vida a eso de las 6:00 p.m. Reconozco que soy un pobre Diablo, poniendo en claro algunas cosas en papel, a la luz del cigarro con la mano en el bolsillo, arrojando cartas marcadas, jugando solo y perdiendo la partida.
Hemos de aprender que hay cosas que no cura el tiempo, ni siquiera nos lo hará ver con mayor claridad; en el lago de mi mente siempre existirá una piedra cayendo para enturbiar el agua; que no se halla tranquilidad en donde existe el deseo, y nadie que te desee realmente (hablo de mujer a mujer y de hombre a hombre, de barro a barro, no de la manera sexual o estética, cualquiera que te mire puede hacer eso, sino como parte de uno, como una necesidad) esperará mirarte a los ojos y encontrar alivio, tranquilidad, antes darás angustia y desesperanza, duda y desengaño.
azul
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