Juno
Poeta que considera el portal su segunda casa
Desanduve los caminos de la aurora
por si acaso tropezaba con tu sombra.
Tus huellas livianas, a mi piel sublimes,
eran polvo molido en aspas del aire.
Yo bajé a la playa de sábanas blancas.
Mis pisadas se fundían en el agua.
Caracolas de espuma jugueteaban
con el trémulo reflejo de la luna.
Hundí las manos en su carne perlada
rasgando furiosa su cara risueña.
Saltaron esquirlas de sangre azulada
de escama encendida que el cielo me pueblan.
Algunas gotas de su cuerpo difuso
se anclaron al arco del iris con fuego
y en el pórtico de mis labios resecos
ataron mi lengua sargazos con celo.
En la hoguera infinita de estos desvelos
deshojo yo horas en bostezo de tiempo
y busco el reverso del esquivo sueño
y grito en la noche, ¡hazme tuya Morfeo!
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