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Poeta recién llegado
Cestio rueda por los jardines de Atenas
La espada ha sido siempre su corsario:
galopan sus conquistas sobre un corcel
de espuma en lo que será su hora nona.
Las flores se han mezclado con el viento
perfumando la siesta; sus ojos se detienen
en un viejo roble que se ha pronunciado en el eco
de los años y que acaso confunde con un sueño.
De pronto la lluvia cae de rodillas y el mundo
se fragmenta en cristales difusos vivimos astillados
se lo dice a si mismo- y ya no oye el canto del guijarro
golpeando desde su quietud a la lluvia.
Entonces llora, ya no de tristeza sino por el peso de la lluvia
cayendo a la luz de la tarde, inalcanzable; como si el mismo
tuviera que soportar el peso de cada gota.
La historia se nutre de ruinas el poder de si mismo.
El sabe lo que los demás mortales apenas intuyen.
No somos lo que queremos ser.
Muy adentro su propio grito mudo
ha desnudado la virtud... que a otros les dará la poesía.
FEDE 03/12/012
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