Jesus Arriaza
Poeta recién llegado
Reposan muertas las mariposas en el alma mía,
despojos y malezas de lo que fue un buen amor,
de lo que fuimos tú y yo, aún tan brevemente.
¿Y qué no daría yo? Por ser tuyo, hasta el horizonte de la conciencia,
hasta que tu nombre haga eco en cada hueso,
en cada sueño, en cada letra de mi abecedario.
Hoy yace nuestro amor, en el polvo del tiempo,
rezagado al recuerdo, borrándose como fría huella en la piel,
como sonrisa confidente, como lágrima de medianoche.
Terco amante, soy yo quien sostiene el soliloquio,
como orando entre las ruinas,
de las construidas avenidas que nos vieron amar.
Soy yo, quien encarecidamente no quiere dejar,
que quererte sea costumbre pasada,
que nuestra historia tenga como olvido su final.
Hoy la noche brilla por tu ausencia,
y por tu ausencia se opaca el corazón prometido a ti,
encadenado a la fugaz certeza, de que solo tuyo podría ser.
¿Qué más da, si las mariposas han muerto?
¿Si el tiempo en persona intenta arrebatarme el detalle en tu mirada?
¿Si la terquedad me ata a las noches de pensarte aquí?
Reposan muertas las mariposas en la grieta del pensamiento,
a la eterna espera del beso tuyo que las reviva,
y que grabe en la carne de mis labios, que te quiero a ti.
despojos y malezas de lo que fue un buen amor,
de lo que fuimos tú y yo, aún tan brevemente.
¿Y qué no daría yo? Por ser tuyo, hasta el horizonte de la conciencia,
hasta que tu nombre haga eco en cada hueso,
en cada sueño, en cada letra de mi abecedario.
Hoy yace nuestro amor, en el polvo del tiempo,
rezagado al recuerdo, borrándose como fría huella en la piel,
como sonrisa confidente, como lágrima de medianoche.
Terco amante, soy yo quien sostiene el soliloquio,
como orando entre las ruinas,
de las construidas avenidas que nos vieron amar.
Soy yo, quien encarecidamente no quiere dejar,
que quererte sea costumbre pasada,
que nuestra historia tenga como olvido su final.
Hoy la noche brilla por tu ausencia,
y por tu ausencia se opaca el corazón prometido a ti,
encadenado a la fugaz certeza, de que solo tuyo podría ser.
¿Qué más da, si las mariposas han muerto?
¿Si el tiempo en persona intenta arrebatarme el detalle en tu mirada?
¿Si la terquedad me ata a las noches de pensarte aquí?
Reposan muertas las mariposas en la grieta del pensamiento,
a la eterna espera del beso tuyo que las reviva,
y que grabe en la carne de mis labios, que te quiero a ti.