Muerte de las Musas

Edouard

Poeta adicto al portal
Panegírico doloroso. De una funesta muerte trágica. De bellas es beldades femeninas; que amapolas ensangrentadas dan pábulo al resucitar de las añoradas musas. Cobardes poetas. Que versifican muertos fetos. De sublimes versos a punto de expirar. La muerte de las musas. Esa es la dramática situación de un Licurgo o un Demóstenes. No hay rayo ígneo en el meollo del espíritu. Expirando hacia regiones de obscuridad descalabrada. ¡ Oh ! sí. La moira no tiene un ápice de piedad. La falta de inspiración hace caer en la celda de la locura epiléptica. No hay frenesí erótico. Que pulsione las palabras en abrojo de pétalos áureos de todo un grandioso Hölderlin o Goethe. Se ensaña el pobre con su cornisa. Caída en picado en su cráneo ya ensangrentado. Y la manecilla del reloj anuncia la madrugada de la ausencia. ¡ Oh ! muerte de las musas. Cuánto asco siento por todo lo mecánico y sin alma. Más vale vender el alma a un vocinglero que a un demonio. Pues éste inflama el odio de la apatía en rejurjitación de ondanadas de estrofas hondas y candorosas. Aquel te deja los huesos secos.
 

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