Pinturicchio
Poeta recién llegado
La camisa herida,
el talante y la barba a paso del tiempo.
Escaleras sobre tumbas, viejas epístolas,
palabras que susurran el sarcasmo.
La golondrina se poza en la ventana
con fragmentos de ilusiones.
La carne aúlla sobre esta tierra
y se calcina el recuerdo.
El espacio se reduce a papeles,
abajo, se desliza la pala quitando latifundio.
¡Mujer,
situada en la misma latitud,
agraciada en la ventana de su torre,
hermosas manos sus manos! Piensa.
Ya está el mármol escrito,
los rebaños de risa le dicen otro nombre,
se marchan hacia zonas que no recuerdan.
Las piernas tambaleantes del hombre se paran,
el hueco es profundo mira,
se tapa de polvo,
deja que las hormigas rocen la boca.
Sube el fuego de sus sentidos.
El alma comprende, camina escaleras a lo alto,
no se da la vuelta,
no mira al hombre bocarriba.
Se aleja de sus propios huesos,
cuyo dolor no se empoza en la tierra.
el talante y la barba a paso del tiempo.
Escaleras sobre tumbas, viejas epístolas,
palabras que susurran el sarcasmo.
La golondrina se poza en la ventana
con fragmentos de ilusiones.
La carne aúlla sobre esta tierra
y se calcina el recuerdo.
El espacio se reduce a papeles,
abajo, se desliza la pala quitando latifundio.
¡Mujer,
situada en la misma latitud,
agraciada en la ventana de su torre,
hermosas manos sus manos! Piensa.
Ya está el mármol escrito,
los rebaños de risa le dicen otro nombre,
se marchan hacia zonas que no recuerdan.
Las piernas tambaleantes del hombre se paran,
el hueco es profundo mira,
se tapa de polvo,
deja que las hormigas rocen la boca.
Sube el fuego de sus sentidos.
El alma comprende, camina escaleras a lo alto,
no se da la vuelta,
no mira al hombre bocarriba.
Se aleja de sus propios huesos,
cuyo dolor no se empoza en la tierra.