musador
esperando...
Nada sé yo de las mujeres, digo,
aunque en mí lleve de ellas buenas marcas,
duras ternuras que no quieren ser
olvidos tristes.
Las cicatrices de la muerte vuelven
trayendo sangre siempre renovada,
con borbotones de alegría y sueño,
a mis pesares.
Madre que me enseñaste de la entrega
íntima sus secretos y recursos,
cuando escanciaste en mi niñez ardiente
palabras rotas.
Rotas en búsquedas de ausencia plenas
con los dolores primigenios dulces
del alumbrar en partos reiterados
nuevas preguntas.
Esas preguntas son las velas fuertes
que dan al viento del deseo alas
hacia los brazos del amor del cuerpo
en que recaigo.
No ser Adán, destino humano aciago,
correr tras Eva ansiando su reposo,
siempre perder y siempre recobrarse:
roca de Sísifo.
aunque en mí lleve de ellas buenas marcas,
duras ternuras que no quieren ser
olvidos tristes.
Las cicatrices de la muerte vuelven
trayendo sangre siempre renovada,
con borbotones de alegría y sueño,
a mis pesares.
Madre que me enseñaste de la entrega
íntima sus secretos y recursos,
cuando escanciaste en mi niñez ardiente
palabras rotas.
Rotas en búsquedas de ausencia plenas
con los dolores primigenios dulces
del alumbrar en partos reiterados
nuevas preguntas.
Esas preguntas son las velas fuertes
que dan al viento del deseo alas
hacia los brazos del amor del cuerpo
en que recaigo.
No ser Adán, destino humano aciago,
correr tras Eva ansiando su reposo,
siempre perder y siempre recobrarse:
roca de Sísifo.