Hugo Augusto
Poeta recién llegado
Abre mi pecho, toma mi corazón entre tus manos de fuego,
ponlo sobre tus oídos, quiero que escuches su desenfrenado
latir, siente como su melodía entra por tus oídos y retumba
en tu pecho. Apriétalo derrama su sangre sobre tus senos.
Quiero que lo rojo de tu pecho manche mi rostro, con figuras
obcenas, y lo negro de tus ojos me pierda entre altos pinos.
Sacude mi cuerpo, quiero sentir tus jadeos en mi frente,
los senderos de tu cuerpo, me refugian por las noche frías.
Calla, escuchemos lo que tiene que decir el sarcófago
que se guarda bajo de tu piel, prestemos atención a sus
palabras, que resuenan en el viento, que viaja hacia nuestras
almas, rocía tus besos sobre mis mejillas, que como arañas,
se escabullen por mi cuerpo. Te doy mis labios, ponlos,
en tus manos, quiero que toques tu cuerpo, y marques
mis besos. Mujer del tiempo, apareces en buena hora,
llegas como el alba, que impone su fogosa presencia.
ponlo sobre tus oídos, quiero que escuches su desenfrenado
latir, siente como su melodía entra por tus oídos y retumba
en tu pecho. Apriétalo derrama su sangre sobre tus senos.
Quiero que lo rojo de tu pecho manche mi rostro, con figuras
obcenas, y lo negro de tus ojos me pierda entre altos pinos.
Sacude mi cuerpo, quiero sentir tus jadeos en mi frente,
los senderos de tu cuerpo, me refugian por las noche frías.
Calla, escuchemos lo que tiene que decir el sarcófago
que se guarda bajo de tu piel, prestemos atención a sus
palabras, que resuenan en el viento, que viaja hacia nuestras
almas, rocía tus besos sobre mis mejillas, que como arañas,
se escabullen por mi cuerpo. Te doy mis labios, ponlos,
en tus manos, quiero que toques tu cuerpo, y marques
mis besos. Mujer del tiempo, apareces en buena hora,
llegas como el alba, que impone su fogosa presencia.