efimera quimera
Poeta recién llegado
Mis manos son como
dos rocas que aplastan
la piel de cualquier
mujer que toquen,
ya que la piel de una
mujer es como un cielo matinal;
suave y perfumada
quisiera no temer romper
esos hilos
apretados de sus curvas.
Mis manos son dos montañas
Que tiemblan ante una mujer
Por eso no me juzgues
Por mis torpes caricias
Y déjame recorrerte con mi poesía,
Definir cada soplo de tu
Alma, cada inspiración de
Tu mirada, déjame ser oído
Para tu respiración entrecortada
O quimera de tu envolvente melancolía.
Cantaría odas eternas
Si fueran suficientes para
Descubrir el enigma de tu sonrisa.
Definiría las noches con
La embriaguez de tu magnificencia
Si así pudiera calmar el insomnio
Que produce el loco susurro
De tu espíritu.
La mujer es como una impregnación
De sensibilidades, la profundidad
De las palabras de un poeta.
Eres como los rizos descolgados
Del sol, la sobriedad de gotas de luna.
Soy un efluvio, intentando
Arrancar sonrisas a
Labios de mujeres,
Soy un demente dibujando poesia
En el hondo sentir
De un universo femenino