Vevero
Poeta reconocida en el portal
Le gustaban las mujeres de ojos grandes, voluptuosas. Nunca se hubiera imaginado que se iba a sentir tan fascinado por una de figura tan pequeña, casi ingrávida. La vio pasar y su mirada se fue tras ella. Y ya no pudo dejar de pensarla. Durante varios días concurrió al mismo lugar donde la había visto esa mañana y la esperaba fumando un cigarrillo y planeando todo lo que debía decirle. Pero esta vez sus dotes de galán ganador no le sirvieron de nada.
Ella no volvió a pasar y él comenzó a pensar que la había soñado y de hecho la soñó día tras día, semana tras semana, meses inclusive años
Como era de suponer, él se casó con una mujer de ojos grandes como dos lunas, pero seguía soñándola, aunque ya no la esperaba. Y pasaron los días laborales y los feriados, las vacaciones y los años. Y vinieron los compromisos, los hijos y las rutinas
En el durante, él la siguió pensando y la pensó tanto que cierto día volvió a cruzarse con esa mujer etérea, más frágil aún con el paso del tiempo. Ella lo miró y él descubrió, entonces, que ya no le importaban los ojos grandes sino las miradas que te raptan el alma en un parpadear.