Cris Cam
Poeta adicto al portal
Mujeres Etéreas
Las mujeres etéreas pululan en todos los espacios.
Controlan sus obras con florcitas pintadas en el casco de seguridad.
Pintan cunas mientras deshojan plantas de lechugas.
Les sacan la lengua a los abogados de los represores.
Destrozan las margaritas que no terminan en su deseo.
Y les roban las hamacas a los niños en las plazas.
Se las ve, frecuentemente, recitar letanías en los subtes,
desoyendo las llamadas de los celulares.
Jamás contestan los improperios disfrazados de piropos,
sólo adecuados para las señoritas de los almanaques de gomería,
porque sólo muestran sus pechos a los juglares que van a buscar sus hijos a la escuela,
quienes por eso saben porque Hera pudo haber creado la Vía Láctea.
Es área de los mitos la frialdad con la que a veces te tratan,
confundiéndolas con Ateneas mientras que son Amarantas,
ya que no las convencen los cheques ni los alardes de tamaños.
Te podrás imponer por los arbitrios de las reglas de juego,
pero ellas sólo abren sus vulvas a los lobos de luna.
Decepcionan a las estatuas de mármol y los saltos de los batracios,
ya que ignoran la pestilencia de los mercaderes.
Es imposible violarles el espíritu, con amenazas de soledades,
porque entregan su clítoris sólo al código de los poemas.
Hay quienes piensan que se quebrarán de suspiros,
pero es un gravísimo error,
que te hace sucumbir al canto de las sirenas.
Ellas te arrastrarán a través del polvo de estrellas,
te quemarán de erupciones volcánicas,
te ahogaran en los trópicos de todos sus lagos
y, finalmente, te harán saludar a los Ángeles,
sucumbido de ardientes geyseres,
en el último tracto de sus vaginas.
2001
Las mujeres etéreas pululan en todos los espacios.
Controlan sus obras con florcitas pintadas en el casco de seguridad.
Pintan cunas mientras deshojan plantas de lechugas.
Les sacan la lengua a los abogados de los represores.
Destrozan las margaritas que no terminan en su deseo.
Y les roban las hamacas a los niños en las plazas.
Se las ve, frecuentemente, recitar letanías en los subtes,
desoyendo las llamadas de los celulares.
Jamás contestan los improperios disfrazados de piropos,
sólo adecuados para las señoritas de los almanaques de gomería,
porque sólo muestran sus pechos a los juglares que van a buscar sus hijos a la escuela,
quienes por eso saben porque Hera pudo haber creado la Vía Láctea.
Es área de los mitos la frialdad con la que a veces te tratan,
confundiéndolas con Ateneas mientras que son Amarantas,
ya que no las convencen los cheques ni los alardes de tamaños.
Te podrás imponer por los arbitrios de las reglas de juego,
pero ellas sólo abren sus vulvas a los lobos de luna.
Decepcionan a las estatuas de mármol y los saltos de los batracios,
ya que ignoran la pestilencia de los mercaderes.
Es imposible violarles el espíritu, con amenazas de soledades,
porque entregan su clítoris sólo al código de los poemas.
Hay quienes piensan que se quebrarán de suspiros,
pero es un gravísimo error,
que te hace sucumbir al canto de las sirenas.
Ellas te arrastrarán a través del polvo de estrellas,
te quemarán de erupciones volcánicas,
te ahogaran en los trópicos de todos sus lagos
y, finalmente, te harán saludar a los Ángeles,
sucumbido de ardientes geyseres,
en el último tracto de sus vaginas.
2001