marquelo
Negrito villero
Ahí quedó la mujer
en el saco de dios
pues los cabellos y ese afán vertical
quedó en la historia del viento también del vino
y de los cálices
No se dejó nada para los árboles
para las grutas donde el silencio prende las llamas
y de nuevo
ahí quedó la mujer
como un grito eclosionando a los dinosaurios
a las angustiosas cavernas
para luego caer en la tierra de hombres
de bestias cuyas sombras era el aliento más primitivo
de la carne
de la sed más ensalivada de los ojos
y aún así
como una reinvindicación que parpadea
la tenemos
ahora sí
vertical y flameante
al lado de las nubes más confortables
cómo un hálito despertador
como escultura en la piedra
y sigue así
luchando
en los cierres más angostos
de la historia.
en el saco de dios
pues los cabellos y ese afán vertical
quedó en la historia del viento también del vino
y de los cálices
No se dejó nada para los árboles
para las grutas donde el silencio prende las llamas
y de nuevo
ahí quedó la mujer
como un grito eclosionando a los dinosaurios
a las angustiosas cavernas
para luego caer en la tierra de hombres
de bestias cuyas sombras era el aliento más primitivo
de la carne
de la sed más ensalivada de los ojos
y aún así
como una reinvindicación que parpadea
la tenemos
ahora sí
vertical y flameante
al lado de las nubes más confortables
cómo un hálito despertador
como escultura en la piedra
y sigue así
luchando
en los cierres más angostos
de la historia.