Eduardo Bretón
Poeta recién llegado
I.
Un antiguo karma
renaciendo de las cenizas del olvido
Un ser mitológico,
con las alas de la memoria quebrantadas
Un intruso en la creación
reencarnado en una imagen no concebida de sí mismo
Ha inventado un mundo de sueños y juguetes
Con las manos estriadas y cansadas se construye día a día
Con las piernas se mantiene a penas sostenido
Se hizo llamar de formas mil
Se maquilló las máscaras y se quitó la pureza
Viene a finiquitar la existencia
Viene a marchitar la vida
Toce el gigante y el temblor sucede
No se cansa de morir ni renacer, no se cansa de morir
Un antiguo karma
renacido en las estrellas
Como un homenaje a las furias
Como el desertor del cielo que amenaza y grita
No sabe nada, no entiende más que caprichos rotos
Se enjuaga un día la cara y se pone triste
No acaba de matar, tiene que hacerlo, pero sigue triste
Se acuerda de repente de la vida y se pone triste.
II.
Me dijo, me decía mi amor
Me entendía de repente, a medias, con los ojos abiertos y enjugados en lágrimas
Conocía mis ojos, las palabras que en mis pupilas se escribían
Se paseaba entonces en el sendero triste de la ausencia
Se acordaba de alguna vieja canción y me amaba de por vida
Luego a ratos encendía la esperanza como una lámpara
Y se olvidaba de cuanto la hice sufrir
Me dijo, me decía que me amaba
Cuanto tiempo se quedo sin mí, cuanto me odiaba cada día
Se le oscurecía el semblante, tal vez, cuando me pensaba
Se enjugaba el llanto y me decía nada pasa
Nada pasó al fin
Me dijo, me decía siempre te amaré
Cuánto sería el siempre, cuánto sería el te amaré
Era un recuerdo, una nostalgia que se aparecía por las tardes
Era una molestia que, por fin, se desvanecía al amanecer
Siempre te amaré me dijo siempre te amaré
III.
No es nada, me digo, solo el aire enrarecido que se agita con el tiempo y que los hombres usa como una droga para matar. No es nada de mí, pienso, nada que sea extensión de mí. Como si los hombres no fueran hombres ni yo mismo humanidad, pero no es nada de mí. Ellos se matan ¡ellos! como decir las hormigas se matan, no son nada de mí. Me acuerdo entonces de mí, y lloro por la sangre derramada que me arrancaron sin piedad del alma. Me acuerdo y pienso y grito y lloro y no sé que decir, y muero contigo y sin ti, muero sin mí.
IV.
Los vi en el noticiero, los escuche en la radio, los leí en el periódico. Una larga extensión de humanos mueren de hambre y miseria. Un escuálido infante desahuciado que solo llega a morir. Un hombre dueño de la vida, dueño del mundo que dice he de salvarte, he salvarte. Como mártir morirás y en el otro mundo la salvación encontrarás. He de salvarte me dijo, he de salvarte de la ambición, de la carroña del poder. Nada tienes y nada tendrás, así de un modo o de otro nada ambicionarás.
He de salvarte me dijo, a todos nos salvaran.
V.
Y entonces solo es rumiar y rumiar, rascarte con la lengua las patas y espantarte las moscas con la cola. Después de un largo trayecto al potrero, comes, amamantas y te dejas ordeñar, observas algo, es lo mismo siempre, algo debe suceder. Muere el Papa, y sigue la batalla en Irak. Hay un tsunami que mata a un cuarto de millón de almas en Asia. Las bolsas de valores se van a pique, el peje sigue arriba en las encuestas. Juanito, ya puede ir a la escuela en su nueva bicicleta que, gracias a movimiento azteca, tiene. Y después de todo, es rumiar y rumiar.
Un antiguo karma
renaciendo de las cenizas del olvido
Un ser mitológico,
con las alas de la memoria quebrantadas
Un intruso en la creación
reencarnado en una imagen no concebida de sí mismo
Ha inventado un mundo de sueños y juguetes
Con las manos estriadas y cansadas se construye día a día
Con las piernas se mantiene a penas sostenido
Se hizo llamar de formas mil
Se maquilló las máscaras y se quitó la pureza
Viene a finiquitar la existencia
Viene a marchitar la vida
Toce el gigante y el temblor sucede
No se cansa de morir ni renacer, no se cansa de morir
Un antiguo karma
renacido en las estrellas
Como un homenaje a las furias
Como el desertor del cielo que amenaza y grita
No sabe nada, no entiende más que caprichos rotos
Se enjuaga un día la cara y se pone triste
No acaba de matar, tiene que hacerlo, pero sigue triste
Se acuerda de repente de la vida y se pone triste.
II.
Me dijo, me decía mi amor
Me entendía de repente, a medias, con los ojos abiertos y enjugados en lágrimas
Conocía mis ojos, las palabras que en mis pupilas se escribían
Se paseaba entonces en el sendero triste de la ausencia
Se acordaba de alguna vieja canción y me amaba de por vida
Luego a ratos encendía la esperanza como una lámpara
Y se olvidaba de cuanto la hice sufrir
Me dijo, me decía que me amaba
Cuanto tiempo se quedo sin mí, cuanto me odiaba cada día
Se le oscurecía el semblante, tal vez, cuando me pensaba
Se enjugaba el llanto y me decía nada pasa
Nada pasó al fin
Me dijo, me decía siempre te amaré
Cuánto sería el siempre, cuánto sería el te amaré
Era un recuerdo, una nostalgia que se aparecía por las tardes
Era una molestia que, por fin, se desvanecía al amanecer
Siempre te amaré me dijo siempre te amaré
III.
No es nada, me digo, solo el aire enrarecido que se agita con el tiempo y que los hombres usa como una droga para matar. No es nada de mí, pienso, nada que sea extensión de mí. Como si los hombres no fueran hombres ni yo mismo humanidad, pero no es nada de mí. Ellos se matan ¡ellos! como decir las hormigas se matan, no son nada de mí. Me acuerdo entonces de mí, y lloro por la sangre derramada que me arrancaron sin piedad del alma. Me acuerdo y pienso y grito y lloro y no sé que decir, y muero contigo y sin ti, muero sin mí.
IV.
Los vi en el noticiero, los escuche en la radio, los leí en el periódico. Una larga extensión de humanos mueren de hambre y miseria. Un escuálido infante desahuciado que solo llega a morir. Un hombre dueño de la vida, dueño del mundo que dice he de salvarte, he salvarte. Como mártir morirás y en el otro mundo la salvación encontrarás. He de salvarte me dijo, he de salvarte de la ambición, de la carroña del poder. Nada tienes y nada tendrás, así de un modo o de otro nada ambicionarás.
He de salvarte me dijo, a todos nos salvaran.
V.
Y entonces solo es rumiar y rumiar, rascarte con la lengua las patas y espantarte las moscas con la cola. Después de un largo trayecto al potrero, comes, amamantas y te dejas ordeñar, observas algo, es lo mismo siempre, algo debe suceder. Muere el Papa, y sigue la batalla en Irak. Hay un tsunami que mata a un cuarto de millón de almas en Asia. Las bolsas de valores se van a pique, el peje sigue arriba en las encuestas. Juanito, ya puede ir a la escuela en su nueva bicicleta que, gracias a movimiento azteca, tiene. Y después de todo, es rumiar y rumiar.