danie
solo un pensamiento...
Muñeca de oropel,
sueños desvanecidos como los ríos de una alcantarilla.
Al filo de las ideas
las palabras toman fuerza para emprender la huida,
¿es que... quién podría quedarse
a la espera del amanecer
oscurecido,
de las golondrinas
y su inmenso silencio ambarino?
¿Quién quiere crecer
como una mosqueta sin rosados de niñez
y sólo con tallos marchitos?
La luna sale a llorar en pleno día
y las nubes no son otra cosa que el lagrimal
de mi agonía.
Así todo se convierte en una gran ausencia,
nadie se queda,
todos comienzan el éxodo,
hasta lo interno, las brasas de lo íntimo se fugan
para dejarme el glaciar de una constante
del tiempo,
hasta las sombras mismas
y la noche desierta deja su semblante pálido
sobre la cuna vacía.
La muñeca de oropel
ya no está,
creció,
se volvió una mujercita de oropel
a la que los años la celebran
hasta volverla una longeva fantasía.
Tal vez cogió las alas de la cigüeña
que nunca vino
y voló con ella hasta las islas de mi inocencia,
hasta los horizontes cristalinos
donde las montañas no mueren,
donde las estrellas cobran vida,
donde los niños juegan con sus alegrías.
Pero jamás vino nuevamente a golpear mi puerta,
a plantar un jardín de rosas
aunque luego se hagan cenizas,
a vestirme de verde esperanza
aunque sea por un par de horas
de un vago oasis
en medio de la soledad baldía.
Muñeca de oropel
que ha crecido, se volvió una mujercita
y se marchó
con su equipaje de utopía.
TAL VEZ VOLÓ HACIA UN MUNDO DISTANTE
PARA DEJAR DE SER UNA MUÑECA DE OROPEL
Y VOLVERSE
sueños desvanecidos como los ríos de una alcantarilla.
Al filo de las ideas
las palabras toman fuerza para emprender la huida,
¿es que... quién podría quedarse
a la espera del amanecer
oscurecido,
de las golondrinas
y su inmenso silencio ambarino?
¿Quién quiere crecer
como una mosqueta sin rosados de niñez
y sólo con tallos marchitos?
La luna sale a llorar en pleno día
y las nubes no son otra cosa que el lagrimal
de mi agonía.
Así todo se convierte en una gran ausencia,
nadie se queda,
todos comienzan el éxodo,
hasta lo interno, las brasas de lo íntimo se fugan
para dejarme el glaciar de una constante
del tiempo,
hasta las sombras mismas
y la noche desierta deja su semblante pálido
sobre la cuna vacía.
La muñeca de oropel
ya no está,
creció,
se volvió una mujercita de oropel
a la que los años la celebran
hasta volverla una longeva fantasía.
Tal vez cogió las alas de la cigüeña
que nunca vino
y voló con ella hasta las islas de mi inocencia,
hasta los horizontes cristalinos
donde las montañas no mueren,
donde las estrellas cobran vida,
donde los niños juegan con sus alegrías.
Pero jamás vino nuevamente a golpear mi puerta,
a plantar un jardín de rosas
aunque luego se hagan cenizas,
a vestirme de verde esperanza
aunque sea por un par de horas
de un vago oasis
en medio de la soledad baldía.
Muñeca de oropel
que ha crecido, se volvió una mujercita
y se marchó
con su equipaje de utopía.
TAL VEZ VOLÓ HACIA UN MUNDO DISTANTE
DE UNA REALIDAD
QUE NO ES LA MÍA
Y VOLVERSE
UNA MUJERCITA DE GEMAS Y DIAMANTES.