Carlos Gabriel Plenazio
Gabriel varón gay enfermero
En un rincón del desván, donde están las cosas viejas
consumida de tristezas reposa junto a unos trastos,
una belleza antigua de porcelana y puntillas,
con las faldas deslucidas y una expresión de llanto.
De largo cabellos rojos, mismos como sus labios,
de azules ojos trillados, por secretos confesados
quieta como la nada escondida en el silencio,
la que llamaban María y abrazaban suspirando.
Tiene zapatos blancos y corazon de algodon
y aunque dejada a la suerte, acumulada de polvo,
parece que ella recuerda las caricias y una nana,
y sigue como esperando del desván ser rescatada .
Bella muñeca olvidada de porcelana cocida,
sigues mirando quieta, del reloj las manecillas,
ten por seguro Maria que del desván yo te salvo,
y te llevo entre mis brazos a jugar en otros brazos.
Pues que yo tengo una niña, que a ti te estaba esperando.
consumida de tristezas reposa junto a unos trastos,
una belleza antigua de porcelana y puntillas,
con las faldas deslucidas y una expresión de llanto.
De largo cabellos rojos, mismos como sus labios,
de azules ojos trillados, por secretos confesados
quieta como la nada escondida en el silencio,
la que llamaban María y abrazaban suspirando.
Tiene zapatos blancos y corazon de algodon
y aunque dejada a la suerte, acumulada de polvo,
parece que ella recuerda las caricias y una nana,
y sigue como esperando del desván ser rescatada .
Bella muñeca olvidada de porcelana cocida,
sigues mirando quieta, del reloj las manecillas,
ten por seguro Maria que del desván yo te salvo,
y te llevo entre mis brazos a jugar en otros brazos.
Pues que yo tengo una niña, que a ti te estaba esperando.
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