Mario Quintana
Exp..
Es angulosa la balaustrada
que sostenía en circulo la azotea.
Abajo,
el tránsito imaginativo en piezas
de madera.
Muñequería tétrica,
deslizándose entre dedos los cordeles
del barrio.
A ellos,
los lanceo tras sus sombreros.
El desaliento,
alza las faldas de ellas al cielo.
Ciudad de muñecas, ruinas, soldados.
Mérida, amplitud pequeña.
En mis dedos, bajo hilos,
calmo el aire en hilos,
sus nubes en hilos,
sus cantos restallan en hilos,
sus pasos en hilos.
Palomas alzándose en la gran plaza
con mi ruido.
Aún así,
desenhebradas partículas
en libertad se escapan
de ser cautivos,
cabellos, ácaros, insectos,
seres autómatas de
desvaríos.
Insostenibles realidades en libertad
sin rostro tétrico ni hilos.
que sostenía en circulo la azotea.
Abajo,
el tránsito imaginativo en piezas
de madera.
Muñequería tétrica,
deslizándose entre dedos los cordeles
del barrio.
A ellos,
los lanceo tras sus sombreros.
El desaliento,
alza las faldas de ellas al cielo.
Ciudad de muñecas, ruinas, soldados.
Mérida, amplitud pequeña.
En mis dedos, bajo hilos,
calmo el aire en hilos,
sus nubes en hilos,
sus cantos restallan en hilos,
sus pasos en hilos.
Palomas alzándose en la gran plaza
con mi ruido.
Aún así,
desenhebradas partículas
en libertad se escapan
de ser cautivos,
cabellos, ácaros, insectos,
seres autómatas de
desvaríos.
Insostenibles realidades en libertad
sin rostro tétrico ni hilos.