Monje Mont
Poeta reconocido en el portal
Y las cuerdas entonan mis esquinas,
con la perpetuidad de las razones,
sazonando de caducidad las lenguas.
Y un olor a moho se desprende
de la agenda que percute
cada frío, cincelando en los cubos,
horizontes, con los puntos cardinales
de costumbre, enredados en los dedos,
de los cálculos fallidos de los clientes.
Soy entonces,
una partícula de calle.
Colisión que en las miradas
forja desiertos madrugados,
que en las sillas niega albergues a los sueños;
y a las tardes vino con música de cáliz.
Mientras predices el viejo juego de las teclas
- como sea que te llames-
soy la crónica erosión de los recuerdos
que dejaron las viejas voces en tus notas
Esos cantos quebrándose en recodos,
agregando las pérdidas de tus naves,
a mi nombre
Qué sigan pues los acordes postergados
dilapidando los soles en el Everest
en tanto yo, tarareo otras bebidas.
con la perpetuidad de las razones,
sazonando de caducidad las lenguas.
Y un olor a moho se desprende
de la agenda que percute
cada frío, cincelando en los cubos,
horizontes, con los puntos cardinales
de costumbre, enredados en los dedos,
de los cálculos fallidos de los clientes.
Soy entonces,
una partícula de calle.
Colisión que en las miradas
forja desiertos madrugados,
que en las sillas niega albergues a los sueños;
y a las tardes vino con música de cáliz.
Mientras predices el viejo juego de las teclas
- como sea que te llames-
soy la crónica erosión de los recuerdos
que dejaron las viejas voces en tus notas
Esos cantos quebrándose en recodos,
agregando las pérdidas de tus naves,
a mi nombre
Qué sigan pues los acordes postergados
dilapidando los soles en el Everest
en tanto yo, tarareo otras bebidas.