Nommo
Poeta veterano en el portal
Huyendo de mis adversarios,
conocí el abecedario.
Me hice fuerte y más prudente.
Habitando entre la gente...
Mas no era suficiente talento el que yo atesoraba.
Mis inventos renunciaban a ser inaugurados públicamente.
Mis amistades se escapaban al galope.
No soy como Cervantes, ni como Lope de Vega.
Encontré mi tope. No soy buen bebedor de vino, ni de aguardiente.
Tal vez por eso, no esté tan maduro como pensaba. No soy adulto, como un señor habitual...
Y su sombrero.
Me considero amigo del matrimonio.
Matrimonio, pueblo, Reino de los Cielos.
Pero eso no consta como habilidad social. No me permite satisfacerme.
Me encierro y gozo de la claustrofobia.
La desesperación, la combato fumando cigarrillos, que me dan aliento.
Es un obsequio de los dioses, esa planta sagrada americana.
Puesto que no abrasa las neuronas, como sí hace la marihuana.
Me siento...
Triste, mas no lo reconozco. Frustrado, y me enojo y discuto abiertamente.
Prefiero la rabia al llanto.
Omito mi espanto.
Me trago mi orgullo.
Cada uno sale por las suyas, para que albergue mérito, dentro de su Libre Albedrío.
Y me pierdo, nadando en ese río, que es Poesía y Madre Naturaleza.
No soy algo.
No soy alguien.
Sin drama, no existo.
Qué torpeza. Sólo insisto. Sólo disfruto, cada minuto. ¿ Soy por ello, un hijo de la gran puta ?
¡ No ! Sino fiero.
conocí el abecedario.
Me hice fuerte y más prudente.
Habitando entre la gente...
Mas no era suficiente talento el que yo atesoraba.
Mis inventos renunciaban a ser inaugurados públicamente.
Mis amistades se escapaban al galope.
No soy como Cervantes, ni como Lope de Vega.
Encontré mi tope. No soy buen bebedor de vino, ni de aguardiente.
Tal vez por eso, no esté tan maduro como pensaba. No soy adulto, como un señor habitual...
Y su sombrero.
Me considero amigo del matrimonio.
Matrimonio, pueblo, Reino de los Cielos.
Pero eso no consta como habilidad social. No me permite satisfacerme.
Me encierro y gozo de la claustrofobia.
La desesperación, la combato fumando cigarrillos, que me dan aliento.
Es un obsequio de los dioses, esa planta sagrada americana.
Puesto que no abrasa las neuronas, como sí hace la marihuana.
Me siento...
Triste, mas no lo reconozco. Frustrado, y me enojo y discuto abiertamente.
Prefiero la rabia al llanto.
Omito mi espanto.
Me trago mi orgullo.
Cada uno sale por las suyas, para que albergue mérito, dentro de su Libre Albedrío.
Y me pierdo, nadando en ese río, que es Poesía y Madre Naturaleza.
No soy algo.
No soy alguien.
Sin drama, no existo.
Qué torpeza. Sólo insisto. Sólo disfruto, cada minuto. ¿ Soy por ello, un hijo de la gran puta ?
¡ No ! Sino fiero.
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