Nommo
Poeta veterano en el portal
Te has postrado.
Te has arrodillado.
Has sido vencido, una vez más.
Reconozco tu poderío. Tienes inteligencia. Una retirada a tiempo, es una victoria.
Diría Napoleón.
Pero mis dominios no van Más Allá.
Soy como ese rey de los niños pequeños.
Ese maestro de escuela. El profesor.
Que en el patio del colegio, parte y reparte, y dictamina. Y coordina todos los movimientos
migratorios. Los niños son aves que deben volar.
Ahora, aquí me tienes.
Renunciando al Olimpo de los dioses.
No voy a sacrificarte. Ni tampoco abusaré de ti.
Porque me doy cuenta de que tienes potencial para llegar al cielo.
Y superar, en Sabiduría, a tus abuelos.
Las comparaciones son odiosas, sin embargo.
Pero quiero que despiertes del letargo.
Y que te des cuenta, aquí, y ahora.
Tú vales mucho, a solas. Por ello, imploras. Pides, rezas, y sacudes Roma con Santiago.
Mezclas las churras con las merinas, y el tocino, con la velocidad.
Porque eres importante, e imponente.
Tolerante y gentil.
Educado, varonil.
Y un hombre, apenas consistente. Un hombre que se deshace en elogios.
Un hombre como un arpegio. De nota en nota, en la escala musical.
Te has arrodillado.
Has sido vencido, una vez más.
Reconozco tu poderío. Tienes inteligencia. Una retirada a tiempo, es una victoria.
Diría Napoleón.
Pero mis dominios no van Más Allá.
Soy como ese rey de los niños pequeños.
Ese maestro de escuela. El profesor.
Que en el patio del colegio, parte y reparte, y dictamina. Y coordina todos los movimientos
migratorios. Los niños son aves que deben volar.
Ahora, aquí me tienes.
Renunciando al Olimpo de los dioses.
No voy a sacrificarte. Ni tampoco abusaré de ti.
Porque me doy cuenta de que tienes potencial para llegar al cielo.
Y superar, en Sabiduría, a tus abuelos.
Las comparaciones son odiosas, sin embargo.
Pero quiero que despiertes del letargo.
Y que te des cuenta, aquí, y ahora.
Tú vales mucho, a solas. Por ello, imploras. Pides, rezas, y sacudes Roma con Santiago.
Mezclas las churras con las merinas, y el tocino, con la velocidad.
Porque eres importante, e imponente.
Tolerante y gentil.
Educado, varonil.
Y un hombre, apenas consistente. Un hombre que se deshace en elogios.
Un hombre como un arpegio. De nota en nota, en la escala musical.