Anaa
Poeta asiduo al portal
Hoy no se oyó el sonido de la guitarra,
no hubo notas bailando en la plaza
las cuerdas están de duelo,
no hay voz que consuele la tristeza
ni amparo que agoten el tormento.
Las manos que en ellas posaban su alma,
se consumieron en la nada
en pos de un abrazo, de una leal mirada,
dedos delicados como suave brisa
olvidados por voces lejanas.
Hoy dejaron la guitarra sola en la plaza,
donde cada día sus cuerdas bailaban
y el viejo musico entregaba melodía,
aleteando de vida la fría explanada.
El viento, testigo de su miseria,
sopla embravecido dejando estelas
sombras abatiendo las callejas.
Los árboles lanzan sus ramas al vuelo,
inundando las calles de hojas muertas.
Hoy no hubo melodía en la plaza,
se mantuvo sorda, muda y seca
solo se oía el gemido de una vieja guitarra,
rogando de nuevo el tacto de unos dedos
que la soledad le robo hasta las huellas.
no hubo notas bailando en la plaza
las cuerdas están de duelo,
no hay voz que consuele la tristeza
ni amparo que agoten el tormento.
Las manos que en ellas posaban su alma,
se consumieron en la nada
en pos de un abrazo, de una leal mirada,
dedos delicados como suave brisa
olvidados por voces lejanas.
Hoy dejaron la guitarra sola en la plaza,
donde cada día sus cuerdas bailaban
y el viejo musico entregaba melodía,
aleteando de vida la fría explanada.
El viento, testigo de su miseria,
sopla embravecido dejando estelas
sombras abatiendo las callejas.
Los árboles lanzan sus ramas al vuelo,
inundando las calles de hojas muertas.
Hoy no hubo melodía en la plaza,
se mantuvo sorda, muda y seca
solo se oía el gemido de una vieja guitarra,
rogando de nuevo el tacto de unos dedos
que la soledad le robo hasta las huellas.