Francisco J. Muñoz Soler
Poeta recién llegado
Nace Noviembre en un otoño
preñado de primavera donde sólo
los ocres adornos de los otrora
verdes revelan la estación verdadera
de nuestras esencias, todavía
insufladas por enormes deseos
de fortalecer y gozar de nuestras
presencias agarradas a la tierra
en este Noviembre que nace
apacible, las señales repentinas
del viento que aligeran
las copas de los árboles
nos recuerda la brevedad
del gozo y nuestras razones
primeras, las que han ido
trazando el sentido
y la dirección de la búsqueda
de esa felicidad singular
que va gratificando nuestras
raíces y a la vez
fecundando nuestros vástagos,
y las frescas madrugadas
que nos obligan a arropar
la intimidad de nuestras camas
con sentimientos y hechos
para cuando Noviembre se vaya
en el tiempo y las blancas
nevadas cubran las escasas
ramas que nos adornan y conforman
tengamos ese punto de satisfacción
que confiere un buen almuerzo
sin sentirnos del todo lleno
pero con el paladar
y todos los sentidos plenos
en buena compañía irnos
entregándonos a la siesta
en libertad y casi
sin darnos cuenta
preñado de primavera donde sólo
los ocres adornos de los otrora
verdes revelan la estación verdadera
de nuestras esencias, todavía
insufladas por enormes deseos
de fortalecer y gozar de nuestras
presencias agarradas a la tierra
en este Noviembre que nace
apacible, las señales repentinas
del viento que aligeran
las copas de los árboles
nos recuerda la brevedad
del gozo y nuestras razones
primeras, las que han ido
trazando el sentido
y la dirección de la búsqueda
de esa felicidad singular
que va gratificando nuestras
raíces y a la vez
fecundando nuestros vástagos,
y las frescas madrugadas
que nos obligan a arropar
la intimidad de nuestras camas
con sentimientos y hechos
para cuando Noviembre se vaya
en el tiempo y las blancas
nevadas cubran las escasas
ramas que nos adornan y conforman
tengamos ese punto de satisfacción
que confiere un buen almuerzo
sin sentirnos del todo lleno
pero con el paladar
y todos los sentidos plenos
en buena compañía irnos
entregándonos a la siesta
en libertad y casi
sin darnos cuenta
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