Ania Kupuri
Poeta recién llegado
Por que el amor nace de la comunión del silencio y el alma.
Callado se inventa asimismo como un reflejo de melancolía y carne desgranada y trémula.
Se arrebata y huye de la algarabía.
Nada se puede hacer ante sus embistes sin compasión alguna.
Emerge frondoso como los abedules de las cálidas tierras y bosques.
Fuerte, hábil como las alas de las esculturas que plantan su pie en las columnas solas.
¿Qué se puede hacer contra sus lagos internos?
Sólo pronosticar un tiempo impreciso, un lugar impreciso, un futuro impreciso.
Ser fotografía ambigua de la esperanza perenne y casta. Sólo eso
Si el Universo mismo besa su sombra y emerge distante, laico y empedernido.
¡Nada basta para darle el gusto que tanto se empecina en gozarse a destiempo¡
Amor que se comparte igual que el pan, en las mesas de los dichosos de augustas rarezas.
Amor que se respira con el pulmón de los que cargan duda y aflicción inerte.
Eres la constante perdida, en una brecha de la infancia.
Eres l que se quedó atrás luego de las tormentas rellenas de soberbia.
Una llamarada eternamente fugaz que emerge distintas veces.
El punto oscuro de luz constante y ciego. Una generación parida entre el alma y el silencio.
Callado se inventa asimismo como un reflejo de melancolía y carne desgranada y trémula.
Se arrebata y huye de la algarabía.
Nada se puede hacer ante sus embistes sin compasión alguna.
Emerge frondoso como los abedules de las cálidas tierras y bosques.
Fuerte, hábil como las alas de las esculturas que plantan su pie en las columnas solas.
¿Qué se puede hacer contra sus lagos internos?
Sólo pronosticar un tiempo impreciso, un lugar impreciso, un futuro impreciso.
Ser fotografía ambigua de la esperanza perenne y casta. Sólo eso
Si el Universo mismo besa su sombra y emerge distante, laico y empedernido.
¡Nada basta para darle el gusto que tanto se empecina en gozarse a destiempo¡
Amor que se comparte igual que el pan, en las mesas de los dichosos de augustas rarezas.
Amor que se respira con el pulmón de los que cargan duda y aflicción inerte.
Eres la constante perdida, en una brecha de la infancia.
Eres l que se quedó atrás luego de las tormentas rellenas de soberbia.
Una llamarada eternamente fugaz que emerge distintas veces.
El punto oscuro de luz constante y ciego. Una generación parida entre el alma y el silencio.