Juan Oriental
Poeta que considera el portal su segunda casa
Yo, nada más necesito,
cuando la noche me alcanza,
que un acorde de guitarra,
severo, como un estilo.
Es que mi espíritu mismo
en ocaso se desangra,
y le pide ayuda al alma
de los viejos costumbrismos;
anocheciendo me inspiro
al toque de su templanza.
Yo, nada más necesito
que a llamita de candil,
recrear aquel perfil
de un amor inmerecido.
Bicho de luz encendido,
mi chala ahumando el sentir,
para que pueda escribir,
guitarreándome los grillos,
versos como estos, sencillos,
de lo que gusto vivir.
Yo, nada más necesito
que el olor de la cañada,
donde declaman las ranas
en contrapunto infinito.
Oír cómo encuentra sitio
y se aplaude por su hazaña,
la torcaz entre las ramas
frondosas del montecito.
O el "agorero" chistido
de la lechuza en la calma.
Yo, nada más necesito
que el aroma de la leña
de mi cocina morena
en la penumbra que elijo,
de mientras el mate mío
recibe como quien piensa,
savia de la madre tierra
y me la da de a traguitos,
relevándose preciso
con el porrón de ginebra.
Yo, nada más necesito
que la fragancia del cuero,
bien conservado con sebo
del apero y tienterío,
revisarle los anillos
al lazo que siempre llevo,
comprobar que sigue entero
dispuesto pa algún servicio,
al igual que mi cuchillo,
poncho, espuelas y talero.
Yo, nada más necesito
que ver en sueño estirados,
dormir los perros echados
guardando los cojinillos.
Y si me llega el relincho
retador de mi tostado,
o algún balido alejado
como de pampa intranquilo,
son notas en mis oídos
que disfruto emocionado.
Yo, nada más necesito
que los clarines airados
de los teros del bañado
anunciándome al amigo,
jinete por el camino
con instrumento encordado.
Sacro costillar llorando,
jugoso, su fiel destino,
y por “la sangre de Cristo”,
cantar, como dos cristianos.
Yo, ¡nada más necesito!
cuando la noche me alcanza,
que un acorde de guitarra,
severo, como un estilo.
Es que mi espíritu mismo
en ocaso se desangra,
y le pide ayuda al alma
de los viejos costumbrismos;
anocheciendo me inspiro
al toque de su templanza.
Yo, nada más necesito
que a llamita de candil,
recrear aquel perfil
de un amor inmerecido.
Bicho de luz encendido,
mi chala ahumando el sentir,
para que pueda escribir,
guitarreándome los grillos,
versos como estos, sencillos,
de lo que gusto vivir.
Yo, nada más necesito
que el olor de la cañada,
donde declaman las ranas
en contrapunto infinito.
Oír cómo encuentra sitio
y se aplaude por su hazaña,
la torcaz entre las ramas
frondosas del montecito.
O el "agorero" chistido
de la lechuza en la calma.
Yo, nada más necesito
que el aroma de la leña
de mi cocina morena
en la penumbra que elijo,
de mientras el mate mío
recibe como quien piensa,
savia de la madre tierra
y me la da de a traguitos,
relevándose preciso
con el porrón de ginebra.
Yo, nada más necesito
que la fragancia del cuero,
bien conservado con sebo
del apero y tienterío,
revisarle los anillos
al lazo que siempre llevo,
comprobar que sigue entero
dispuesto pa algún servicio,
al igual que mi cuchillo,
poncho, espuelas y talero.
Yo, nada más necesito
que ver en sueño estirados,
dormir los perros echados
guardando los cojinillos.
Y si me llega el relincho
retador de mi tostado,
o algún balido alejado
como de pampa intranquilo,
son notas en mis oídos
que disfruto emocionado.
Yo, nada más necesito
que los clarines airados
de los teros del bañado
anunciándome al amigo,
jinete por el camino
con instrumento encordado.
Sacro costillar llorando,
jugoso, su fiel destino,
y por “la sangre de Cristo”,
cantar, como dos cristianos.
Yo, ¡nada más necesito!
Última edición: