Gabriel Benam
Poeta recién llegado
No hay tal que sobrevenga de holgura,
no hay chispa resurrecta de lo inerte,
no hay una misma vida tras la muerte,
no hay tal como una santa sepultura.
No hay paraíso, tampoco hay tortura
que de plegarias queme sus adentros,
pa’l que sufre tampoco hay consuelo:
no existe recompensa a la cordura.
No queda huella en arenas movedizas
ni mundo que trascienda lo medible,
¿si el silencio acompaña las risas
qué puedes atribuirle a lo invisible?
La flor crece y se pudre, ¿qué va a quedar?
Espinas, espinas, ¡espinas nada más!
no hay chispa resurrecta de lo inerte,
no hay una misma vida tras la muerte,
no hay tal como una santa sepultura.
No hay paraíso, tampoco hay tortura
que de plegarias queme sus adentros,
pa’l que sufre tampoco hay consuelo:
no existe recompensa a la cordura.
No queda huella en arenas movedizas
ni mundo que trascienda lo medible,
¿si el silencio acompaña las risas
qué puedes atribuirle a lo invisible?
La flor crece y se pudre, ¿qué va a quedar?
Espinas, espinas, ¡espinas nada más!