pablo barattini
Poeta asiduo al portal
Nada teníamos a nuestro nombre,
ni cama,
ni techo, ni un abrigo
éramos pobres,
muy pobres, sin embargo
propietarios fuimos del cariño.
Con monedas de amor nos regalamos
la morada azul
del paraíso,
tú cogías la luz de las estrellas
y pintabas con ellas los suspiros,
yo abría
las compuertas de mi alma
para inundar de flores
tus delirios.
Con hojas hicimos una almohada
y juntos
soñabamos con hijos,
aquel lago azul fue nuestro reino
y con la Luna
compartimos su capricho.
Éramos el centro de la nada
y teníamos todo en los bolsillos,
tu pelo, el aire, el Sol y tu mirada,
el río, el campo, mi amor y los domingos.
Nada teníamos a nuestro nombre
pero fuimos dueños del camino.
Yo corrí tras el viento
por coger
las hilachas
de su poncho antiguo,
con ellas,
tejiste una alfombre verde
y volamos
a buscar el infinito.
ni cama,
ni techo, ni un abrigo
éramos pobres,
muy pobres, sin embargo
propietarios fuimos del cariño.
Con monedas de amor nos regalamos
la morada azul
del paraíso,
tú cogías la luz de las estrellas
y pintabas con ellas los suspiros,
yo abría
las compuertas de mi alma
para inundar de flores
tus delirios.
Con hojas hicimos una almohada
y juntos
soñabamos con hijos,
aquel lago azul fue nuestro reino
y con la Luna
compartimos su capricho.
Éramos el centro de la nada
y teníamos todo en los bolsillos,
tu pelo, el aire, el Sol y tu mirada,
el río, el campo, mi amor y los domingos.
Nada teníamos a nuestro nombre
pero fuimos dueños del camino.
Yo corrí tras el viento
por coger
las hilachas
de su poncho antiguo,
con ellas,
tejiste una alfombre verde
y volamos
a buscar el infinito.