Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
Espero que si algún día puedes leer esto que te escribo, te sea imposible hacerlo sin que el agua de mis ojos se te agolpe en los tuyos ¿hace cuánto que te fuiste?, ¿tres años, un lustro, una vida?, ya no importa.
Recuerdo que te fuiste en silencio, en un descuido mío, en el momento justo cuando más le urgían las caricias a mi alma, no tomaste del cajón de los haberes nada mío, ni siquiera un verso, te llevaste junto al polvo de tus huellas lo que era tuyo, todas mis sensaciones, las ganas que tenía de estar vivo, las caricias de mi piel, los besos de mis labios, no, no te llevaste nada mío, todo yo, todo lo que soy ya era tuyo, inventaste una bronca y ciao, hasta la vista.
Aprendí a vivir a plazos y no hubo día, corazón, en el que después de amanecer y de aclarar la garganta, no musitara tu nombre y, después las oraciones; o noche en la que antes de cerrar algún libro, los parpados y abrazarme a la almohada, le pidiera al Señor porque la vida fuera buena con tu vida, que el pan supiera a pan y las lágrimas no se asomaran a tus ojos y, después, amén.
Y de repente un día, después de cocer mi pasado con retazos, después de que a fuerza de soñarte me hice a la idea de que Dios había repartido suerte y la tuya había sido buena, o de apoyar la cabeza en las manos y pensar que de verdad no exististe y que sólo fuiste producto de la fiebre de mi cuerpo, marcas al teléfono y casi muero de nuevo, pregunto con toda la inseguridad del mundo quién habla y tu voz suena transparente, cálida, y de nuevo comienzas la broma, sonrío y de nuevo me bebo sin piedad tus palabras y me enfermo de halagos, y después una carta, un día y luego otra y más días y tonto como soy me nacen en el pecho esperanzas, ilusiones, ganas de tenerte a mi lado y de creer que ya te hartaste de palabras huecas, de caricias sin sentido, de relojes que no marcan las diez y diez de los mañanas y de amores como pan de caja y, sin saber sigo la broma, de nuevo a andar sobre la cursilería que da el caminar sobre nubes de algodón y la sonrisa estúpida de quien se siente amado y después de una semana tres lunarios o una vida te formas una riña y de nuevo tu adiós sin explicaciones, en silencio te llevas de nuevo lo que ya te habías llevado y de nuevo yo, después de odiarte con todas las fuerzas de mi ser, me veo sentado en la banca frente al parque donde me dijiste que vivías, adivinando la ventana de tu farsa y suspirando a rabiar la jacaranda.
Due 11.05.12 en una tarde haciendo balance y viendo que de verdad no se llevó nada.
Recuerdo que te fuiste en silencio, en un descuido mío, en el momento justo cuando más le urgían las caricias a mi alma, no tomaste del cajón de los haberes nada mío, ni siquiera un verso, te llevaste junto al polvo de tus huellas lo que era tuyo, todas mis sensaciones, las ganas que tenía de estar vivo, las caricias de mi piel, los besos de mis labios, no, no te llevaste nada mío, todo yo, todo lo que soy ya era tuyo, inventaste una bronca y ciao, hasta la vista.
Aprendí a vivir a plazos y no hubo día, corazón, en el que después de amanecer y de aclarar la garganta, no musitara tu nombre y, después las oraciones; o noche en la que antes de cerrar algún libro, los parpados y abrazarme a la almohada, le pidiera al Señor porque la vida fuera buena con tu vida, que el pan supiera a pan y las lágrimas no se asomaran a tus ojos y, después, amén.
Y de repente un día, después de cocer mi pasado con retazos, después de que a fuerza de soñarte me hice a la idea de que Dios había repartido suerte y la tuya había sido buena, o de apoyar la cabeza en las manos y pensar que de verdad no exististe y que sólo fuiste producto de la fiebre de mi cuerpo, marcas al teléfono y casi muero de nuevo, pregunto con toda la inseguridad del mundo quién habla y tu voz suena transparente, cálida, y de nuevo comienzas la broma, sonrío y de nuevo me bebo sin piedad tus palabras y me enfermo de halagos, y después una carta, un día y luego otra y más días y tonto como soy me nacen en el pecho esperanzas, ilusiones, ganas de tenerte a mi lado y de creer que ya te hartaste de palabras huecas, de caricias sin sentido, de relojes que no marcan las diez y diez de los mañanas y de amores como pan de caja y, sin saber sigo la broma, de nuevo a andar sobre la cursilería que da el caminar sobre nubes de algodón y la sonrisa estúpida de quien se siente amado y después de una semana tres lunarios o una vida te formas una riña y de nuevo tu adiós sin explicaciones, en silencio te llevas de nuevo lo que ya te habías llevado y de nuevo yo, después de odiarte con todas las fuerzas de mi ser, me veo sentado en la banca frente al parque donde me dijiste que vivías, adivinando la ventana de tu farsa y suspirando a rabiar la jacaranda.
Due 11.05.12 en una tarde haciendo balance y viendo que de verdad no se llevó nada.
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