viento-azul
Poeta que considera el portal su segunda casa
Yo también he nacido de lleno
en el centro de este bosque sin alma,
donde germinan estrellas sobre aceras,
donde semáforos de madrugada
guiñan acuciantes su azafrán.
Yo represento el vivo fuego
que arrasará las primaveras,
porque mis hermanos y yo
somos los de la inteligencia
conducida con suma estupidez.
Y si sufro, me acuesto en calmantes,
con esa soberbia sonrisa
estrecha en tan poca boca.
Y si no es justo, me callo,
porque el silencio es un abrigo
que puede desvanecerte
hasta hacerte colmena.
(Pasta de saliva ahorrada
de tantos otros enmudecidos)
Se acabaron los nombres de las calles,
todo tiene un límite,
al lenguaje le da vergüenza
nombrar laberintos de caminos
sin destino alguno.
Entre el mundo y nosotros
no hay una playa,
la arena que ves se llama desierto,
y el mar se aleja con cada ola
de ser lo que fue.
¿Y los dioses?
Aún los estamos buscando.
Dejaron instrucciones precisas
en un idioma inteligible,
o tal vez fuera un mea culpa
por habernos creado.
en el centro de este bosque sin alma,
donde germinan estrellas sobre aceras,
donde semáforos de madrugada
guiñan acuciantes su azafrán.
Yo represento el vivo fuego
que arrasará las primaveras,
porque mis hermanos y yo
somos los de la inteligencia
conducida con suma estupidez.
Y si sufro, me acuesto en calmantes,
con esa soberbia sonrisa
estrecha en tan poca boca.
Y si no es justo, me callo,
porque el silencio es un abrigo
que puede desvanecerte
hasta hacerte colmena.
(Pasta de saliva ahorrada
de tantos otros enmudecidos)
Se acabaron los nombres de las calles,
todo tiene un límite,
al lenguaje le da vergüenza
nombrar laberintos de caminos
sin destino alguno.
Entre el mundo y nosotros
no hay una playa,
la arena que ves se llama desierto,
y el mar se aleja con cada ola
de ser lo que fue.
¿Y los dioses?
Aún los estamos buscando.
Dejaron instrucciones precisas
en un idioma inteligible,
o tal vez fuera un mea culpa
por habernos creado.