nuna
Poeta que considera el portal su segunda casa
Nadie pudo arrastrar la noche
hacia mis cielos,
ni acallar el pulso de mis aguas,
ni tan siquiera el rayo
con su grito de cien bocas
dividió mi senda.
Larga fué la escarcha
y en su avalancha de puñales,
exterminaba los días
con mandíbulas de hielo,
pero ni arrugar pudo
la larga línea de mi aliento,
aquél que aún bajo el temblor
de las lluvias predica,
cubriendo de luz mi palabra,
a golpe de amor,
extendí el alma
empapando de él mis soledades.
Y hoy...
Aún vislumbrando apenas
el vestigio de mi suelo,
escribo sobre el aíre,
aquél que entre susurros
derrama el color translúcido de la esperanza.
NUNA.