Violeta
Poeta que considera el portal su segunda casa
Nadie sabe de estas noches
donde la soledad muerde
los besos inconclusos
que dejaste en mi cuerpo.
Los recuerdos se desatan
inquietos y perdidos,
son como un gorrión sin rostro
y van lacerando cada respiro que doy por ti.
Estos huesos ya no saben cantarle a la luna,
mucho menos al sol de abril;
sólo hay sueños anidados
en este costado de silencios.
En este mar deambula
tu palabra
y mi palabra...
La palabra de la vida prometida.
Ya no arde este astro,
y el lucero titila huérfano en mis pupilas.
Las luciérnagas de marzo
invocan el frío de este amor intangible.
Habita en el vientre
la nostalgia hecha flor,
y en el corazón
esa necesidad de morir bajo tus alas.
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