Nadie se conoce.

Samuel17993

Poeta que considera el portal su segunda casa
Forma parte de los Relatos Kafkiano parte I:
http://www.mundopoesia.com/foros/prosa-generales/347861-relatos-kafkianos-parte-i.html

Nadie se conoce



El mundo es una máscara: el rostro, el traje y la voz, todo es fingido: todos quieren aparentar lo que no son, todos se engañan y nadie se conoce. GOYA

La Luna llena brillaba desde su ventana lejana a la tierra. Lagrimeaba su manto helado. Las sombras se escondían de las farolas. Sólo se oían los ecos de entre los rincones de los garitos malsanos que se encubrían con luces de colores para distraer las mentes de enmascarados.


Los carnavales han llegado, todos iban disfrazados. Todos se cubrían de la piel de alguna figura especial o no tan especial. Todos entraban, en fila, en orden desordenado. Todos cogían su bebida a 3€ más cara de lo normal. Todos sacaban la carcajada de imitaciones, que encubrían con la careta.


Dos chicas se fotografiaban, intentando imitar la cámara de un Reality Show. Sacaban la lengua la una a la otra, derramando salivas una sobre la otra. El flash salió iluminando toda la instancia llena de grises mil colores y ruido. Se abrazaban por la cintura, mientras una se abrazaba a la otra sus cachis se derramaban entre la fricción de sus cuerpos.


A su lado, una chica le lanzaba miradas cargadas de fuego, como si se tratase de disparos de un revolver de un detective que busca un misterio dentro del gran puzle de su investigación. Su lengua se situaba y contoneaba como la serpiente que hizo que Eva tentara a Adán. Un chico lleno del calor de las miradas y del gas del alcohol, que encendió una llama en su cuerpo, se acercó a la chica que se arrinconaba a esa esquina del bar. Ella espantaba sus trozos de cristal con el ardor de un chico que hacía olvidar al anterior.


Más allá, casi cerca del fondo, se distinguía un grupo de chicos y chicas que charlaban, e intentaban vivir entre tanto circo de carnaval. Uno de ellos se arrimaba a su novia, pero miraba también a la chica del rincón que se insinuaba, y, aún así, con tanto calor en su cuerpo no podía evitar sentirse helado, no podía, ya, aguantar el dolor producido por algo que todo el mundo conocía, pero que nadie preguntaba por una mezcla de miedo y por la falsa alegría que intentaba ahuyentar a toda pregunta. Su novia, mientras, todo eso no le importaba, ya tenía suficiente con seguir bebiendo.


Lejos de la pareja, dentro del grupito, había un chico al que todo el mundo conocía y era amigo de todo el mundo; el chico decía no amar, que no quería porque un día le rompieron el corazón, pero quería como un idiota a la chica rubia de al lado. Sentados al lado del chico amigable y la rubia, había una pareja, él miraba a todas las chicas aunque dijera a su novia que era su amor, ella, mientras, no podía dejar de quererlo y abrazarlo, pero, en realidad, no lo amaba del todo sino porque en las noches se pasa mucho frío si no se pasa con alguien. Entre todos ellos estaban tres chicas que intentaban ahuyentar el grito de la monotonía con sus risotadas; la mayor iba siempre sería, aún, queriendo divertirse; la del medio esperaba, con las risas, que se apestaran los malditos estudios; la menor estaba peor que todas ellas, harta de estudios que deseaba en su ser la llevaran a un futuro mejor y que alguien se acercase a abrazarla. La última chica miró al fondo, una mirada fugitiva la había puesto sus ojos.



El chico de la mirada, solitario entre la conversación de dos amigos más interesados en sus mundos que en éste, vio como se acercaba la fijación de sus miradas. Intentó mirar al suelo y hablar con los dos idiotas. Ella, medio borracha de ser y no ser esa mascara, se cayó hasta allí, espantando a los sujetos que estaban cerca del chico.


Entre tanto carnaval e historia, el chico no dejaba de mirarla, ella provocaba con palabras, pero ninguna convulsionaba como la bebida lo hacía con el resto. Él seguía empeñado en su ceguera; ella se helaba por la falta de reacción.



Y, al final, entre tanto carnaval y calor calentando fríos corazones, al chico del fondo se le helaba el corazón que ardía viendo cómo se iba la chica. La careta se la quitó al llorar. Ninguno la tenía, pero él era el único que se había quitado su imaginaria careta, que se escondía una triste faz inútil que desconocía cómo iba eso de disfrazarse y qué había que hacer.
 
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Nadie se conoce


El mundo es una máscara: el rostro, el traje y la voz, todo es fingido: todos quieren aparentar lo que no son, todos se engañan y nadie se conoce. GOYA

La Luna llena brillaba desde su ventana lejana a la tierra. Lagrimeaba su manto helado. Las sombras se escondían de las farolas. Sólo se oían los ecos de entre los rincones de los garitos mal sanos que se encubrían con luces de colores para distraer las mentes de enmascarados.

Los carnavales han llegado, todos iban disfrazados. Todos se cubrían de la piel de alguna figura especial o no tan especial. Todos entraban, en fila en orden desordenado. Todos cogían su bebida a 3€ más cara de lo normal. Todos sacaban la carcajada de imitaciones, que encubrían con la careta.

Dos chicas se fotografiaban, intentando imitar la cámara de un Reality Show. Sacaban la lengua la una de la otra, derramando salivas una sobre la otra. El flash salió iluminando toda la instancia llena de grises mil colores y ruido. Se abrazaban por la cintura, mientras una se abrazaban a la otra sus cachis se derramaban entre la fricción de sus cuerpos.

A su lado, una chica le lanzaba miradas cargadas de fuego, como si se tratase de disparos de una revolver de un detective que busca un misterio dentro del gran puzle de su investigación. Su lengua se situaba y contoneaba como la serpiente que hizo que Eva tentara a Adán. Un chico lleno del calor de las miradas y del gas del alcohol, que encendió una llama en su cuerpo, se acercó a la chica que se arrinconaba a esa esquina del bar. Ella espantaba sus trozos de cristal con el ardor de un chico que hacía olvidar al anterior.

Más allá, casi cerca del fondo, se distinguía un grupo de chicos y chicas que charlaban, e intentaban vivir entre tanto circo de carnaval. Uno de ellos se arrimaba a su novia, pero miraba también a la chica del rincón que se insinuaba, y, aún así, con tanto calor en su cuerpo no podía evitar sentirse helado, no podía, ya, aguantar el dolor producido por algo que todo el mundo conocía, pero que nadie preguntaba por una mezcla de miedo y por la falsa alegría que intentaba ahuyentar a toda pregunta. Su novia, mientras, todo eso no le importaba, ya tenía suficiente con seguir bebiendo.

Lejos de la pareja, dentro del grupito, había un chico al que todo el mundo conocía y era amigo de todo el mundo; el chico decía no amar, que no quería porque un día le rompieron el corazón, pero quería como un idiota a la chica rubia de al lado. Sentados al lado del chico amigable y la rubia, había una pareja, él miraba a todas las chicas aunque dijera a su novia que era su amor, ella, mientras, no podía dejar de quererlo y abrazarlo, pero, en realidad, no lo amaba del todo sino porque en las noches se pasa mucho frío sino se pasa con alguien. Entre todos ellos estaban tres chicas que intentaban ahuyentar el grito de la monotonía con sus risotadas; la mayor iba siempre sería, aún, queriendo divertirse; la del medio esperaba, con las risas, que se apestaran los malditos estudios; la menor estaba peor que todas ellas, harta de estudios que deseaba en su ser la llevaran a un futuro mejor y que alguien se acercase a abrazarla. La última chica miró al fondo, una mirada fugitiva la había puesto sus ojos.

El chico de la mirada, solitario entre la conversación de dos amigos más interesados en sus mundos que en éste, vio como se acercaba la fijación de sus miradas. Intentó mirar al suelo y hablar con los dos idiotas. Ella, medio borracha de ser y no ser esa mascara, se cayó hasta allí, espantando a los sujetos que estaban cerca del chico.

Entre tanto carnaval e historia, el chico no dejaba de mirarla, ella provocaba con palabras, pero ninguna convulsionaba como la bebida lo hacía con el resto. Él seguía empeñado en su ceguera; ella se helaba por la falta de reacción.

Y , al final, entre tanto carnaval y calor calentando fríos corazones, a el chico del fondo se le helaba el corazón que ardía viendo como se iba la chica. La careta se la quitó al llorar. Ninguno la tenía, pero él era el único que se había quitado su imaginaría careta, que se escondía una triste faz inútil que desconocía como iba eso de disfrazarse y qué había que hacer.

MUY BUENO TU ESCRITO, apreciado amigo y colega SAMUEL. TE FELICITO Y TE ESTRELLO. Coméntame algún poema si quieres.
 
Excelente, siempre sucede en la vida, todos eligen llevar una careta, pero por mas que se oculten tras de ella, la escencia es una sola y siempre nos traiciona. Y tu lo pones de manifiesto en el final de buenisima prosa. Un real gusto leerte, amigo. Sinceramente: ISABEL
 
Hola Samuel, una gran descripción de los que muchos en cierta forma hacemos, al esconder detrás de una máscara nuestros problemas de personalidad. Gracias por compartirnos tus letras. Un besito
 
"cómo iba eso de disfrazarse, qué había que hacer".... no hay nada más peligroso que mostrar la piel desnuda del alma, alguien querrá hacer de ella jirones. Me ha gustado mucho Samuel.
 
Gracias Susi, por cierto no me había dado cuenta de corregir ese cómo que me corrigieron... luego lo cambio. Un saludo de Samuel.
 
Me gusta que presentes a cada personaje con su careta correspondiente y nos muestres el corazón que oculta cada uno de ellos,todos buscan algo que realmente no sienten camuflando lo que realmente necesitan,excepto un chico al que,al final,le pesa demasiado su careta..........
Un interesante relato,te felicito.
Un beso.
 
Gracias Marina, en realidad, si te fijas, podría decirse que era el único que no tenía careta y por ello le costaba tanto interpretar la cara de la chica, porque todavía tenía la careta. Un saludo de Samuel.
 
Todos usamos una máscara para relacionarnos con los demás. La cosa está en saber cuál es la que mejor nos viene a nosotros,la que mejor se acopla a nuestra personalidad.Fue un placer leerte,amigo Samuel.Abrazos,poeta.
 
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El mundo es una máscara: el rostro, el traje y la voz, todo es fingido: todos quieren aparentar lo que no son, todos se engañan y nadie se conoce. GOYA

La Luna llena brillaba desde su ventana lejana a la tierra. Lagrimeaba su manto helado. Las sombras se escondían de las farolas. Sólo se oían los ecos de entre los rincones de los garitos mal sanos que se encubrían con luces de colores para distraer las mentes de enmascarados.

Los carnavales han llegado, todos iban disfrazados. Todos se cubrían de la piel de alguna figura especial o no tan especial. Todos entraban, en fila en orden desordenado. Todos cogían su bebida a 3€ más cara de lo normal. Todos sacaban la carcajada de imitaciones, que encubrían con la careta.

Dos chicas se fotografiaban, intentando imitar la cámara de un Reality Show. Sacaban la lengua la una de la otra, derramando salivas una sobre la otra. El flash salió iluminando toda la instancia llena de grises mil colores y ruido. Se abrazaban por la cintura, mientras una se abrazaban a la otra sus cachis se derramaban entre la fricción de sus cuerpos.

A su lado, una chica le lanzaba miradas cargadas de fuego, como si se tratase de disparos de una revolver de un detective que busca un misterio dentro del gran puzle de su investigación. Su lengua se situaba y contoneaba como la serpiente que hizo que Eva tentara a Adán. Un chico lleno del calor de las miradas y del gas del alcohol, que encendió una llama en su cuerpo, se acercó a la chica que se arrinconaba a esa esquina del bar. Ella espantaba sus trozos de cristal con el ardor de un chico que hacía olvidar al anterior.

Más allá, casi cerca del fondo, se distinguía un grupo de chicos y chicas que charlaban, e intentaban vivir entre tanto circo de carnaval. Uno de ellos se arrimaba a su novia, pero miraba también a la chica del rincón que se insinuaba, y, aún así, con tanto calor en su cuerpo no podía evitar sentirse helado, no podía, ya, aguantar el dolor producido por algo que todo el mundo conocía, pero que nadie preguntaba por una mezcla de miedo y por la falsa alegría que intentaba ahuyentar a toda pregunta. Su novia, mientras, todo eso no le importaba, ya tenía suficiente con seguir bebiendo.

Lejos de la pareja, dentro del grupito, había un chico al que todo el mundo conocía y era amigo de todo el mundo; el chico decía no amar, que no quería porque un día le rompieron el corazón, pero quería como un idiota a la chica rubia de al lado. Sentados al lado del chico amigable y la rubia, había una pareja, él miraba a todas las chicas aunque dijera a su novia que era su amor, ella, mientras, no podía dejar de quererlo y abrazarlo, pero, en realidad, no lo amaba del todo sino porque en las noches se pasa mucho frío sino se pasa con alguien. Entre todos ellos estaban tres chicas que intentaban ahuyentar el grito de la monotonía con sus risotadas; la mayor iba siempre sería, aún, queriendo divertirse; la del medio esperaba, con las risas, que se apestaran los malditos estudios; la menor estaba peor que todas ellas, harta de estudios que deseaba en su ser la llevaran a un futuro mejor y que alguien se acercase a abrazarla. La última chica miró al fondo, una mirada fugitiva la había puesto sus ojos.

El chico de la mirada, solitario entre la conversación de dos amigos más interesados en sus mundos que en éste, vio como se acercaba la fijación de sus miradas. Intentó mirar al suelo y hablar con los dos idiotas. Ella, medio borracha de ser y no ser esa mascara, se cayó hasta allí, espantando a los sujetos que estaban cerca del chico.

Entre tanto carnaval e historia, el chico no dejaba de mirarla, ella provocaba con palabras, pero ninguna convulsionaba como la bebida lo hacía con el resto. Él seguía empeñado en su ceguera; ella se helaba por la falta de reacción.

Y , al final, entre tanto carnaval y calor calentando fríos corazones, a el chico del fondo se le helaba el corazón que ardía viendo como se iba la chica. La careta se la quitó al llorar. Ninguno la tenía, pero él era el único que se había quitado su imaginaría careta, que se escondía una triste faz inútil que desconocía cómo iba eso de disfrazarse y qué había que hacer.

Es como si pasaras por el mundo mirando las situaciones y contándolas como si fueran irreales, lejos de tu consciencia; como si todo fuera un mundo diferente al cual tú, no querías entrar, pero casi como un relámpago, te engulliría más tarde o temprano.... el absoluto y el nada de lo irreverente mezclado, queriendo dar la rabia justa a un pedazo de sentimientos encontrados...
Es buena prosa, la puliría una mieja, aunque tú, ya lo hayas hecho....
Granda, casi perfecta...
 
Gracias Francisco, tienes toda la razón, muy acertado comentario... Tengo ese toque expresionista, que adrede he querido añadir, como el de no poner nombre, como en la pintura no pintan rostros, o esa sensación de mascaras y mentiras de Goya, también esa sensación de vértigo que da el mundo y de no ser más que "sombras".

Un saludo de Samuel.
 
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Me encanto y me recordó una historia de Khali Gibran que se titula el loco. Usamos tantas mascaras amigo que llega un momento que nos desdibujamos a nosotros mismos. Saludos y estrellas. Besos con cariño.
 
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El mundo es una máscara: el rostro, el traje y la voz, todo es fingido: todos quieren aparentar lo que no son, todos se engañan y nadie se conoce. GOYA

La Luna llena brillaba desde su ventana lejana a la tierra. Lagrimeaba su manto helado. Las sombras se escondían de las farolas. Sólo se oían los ecos de entre los rincones de los garitos mal sanos que se encubrían con luces de colores para distraer las mentes de enmascarados.

Los carnavales han llegado, todos iban disfrazados. Todos se cubrían de la piel de alguna figura especial o no tan especial. Todos entraban, en fila en orden desordenado. Todos cogían su bebida a 3€ más cara de lo normal. Todos sacaban la carcajada de imitaciones, que encubrían con la careta.

Dos chicas se fotografiaban, intentando imitar la cámara de un Reality Show. Sacaban la lengua la una de la otra, derramando salivas una sobre la otra. El flash salió iluminando toda la instancia llena de grises mil colores y ruido. Se abrazaban por la cintura, mientras una se abrazaban a la otra sus cachis se derramaban entre la fricción de sus cuerpos.

A su lado, una chica le lanzaba miradas cargadas de fuego, como si se tratase de disparos de una revolver de un detective que busca un misterio dentro del gran puzle de su investigación. Su lengua se situaba y contoneaba como la serpiente que hizo que Eva tentara a Adán. Un chico lleno del calor de las miradas y del gas del alcohol, que encendió una llama en su cuerpo, se acercó a la chica que se arrinconaba a esa esquina del bar. Ella espantaba sus trozos de cristal con el ardor de un chico que hacía olvidar al anterior.

Más allá, casi cerca del fondo, se distinguía un grupo de chicos y chicas que charlaban, e intentaban vivir entre tanto circo de carnaval. Uno de ellos se arrimaba a su novia, pero miraba también a la chica del rincón que se insinuaba, y, aún así, con tanto calor en su cuerpo no podía evitar sentirse helado, no podía, ya, aguantar el dolor producido por algo que todo el mundo conocía, pero que nadie preguntaba por una mezcla de miedo y por la falsa alegría que intentaba ahuyentar a toda pregunta. Su novia, mientras, todo eso no le importaba, ya tenía suficiente con seguir bebiendo.

Lejos de la pareja, dentro del grupito, había un chico al que todo el mundo conocía y era amigo de todo el mundo; el chico decía no amar, que no quería porque un día le rompieron el corazón, pero quería como un idiota a la chica rubia de al lado. Sentados al lado del chico amigable y la rubia, había una pareja, él miraba a todas las chicas aunque dijera a su novia que era su amor, ella, mientras, no podía dejar de quererlo y abrazarlo, pero, en realidad, no lo amaba del todo sino porque en las noches se pasa mucho frío sino se pasa con alguien. Entre todos ellos estaban tres chicas que intentaban ahuyentar el grito de la monotonía con sus risotadas; la mayor iba siempre sería, aún, queriendo divertirse; la del medio esperaba, con las risas, que se apestaran los malditos estudios; la menor estaba peor que todas ellas, harta de estudios que deseaba en su ser la llevaran a un futuro mejor y que alguien se acercase a abrazarla. La última chica miró al fondo, una mirada fugitiva la había puesto sus ojos.

El chico de la mirada, solitario entre la conversación de dos amigos más interesados en sus mundos que en éste, vio como se acercaba la fijación de sus miradas. Intentó mirar al suelo y hablar con los dos idiotas. Ella, medio borracha de ser y no ser esa mascara, se cayó hasta allí, espantando a los sujetos que estaban cerca del chico.

Entre tanto carnaval e historia, el chico no dejaba de mirarla, ella provocaba con palabras, pero ninguna convulsionaba como la bebida lo hacía con el resto. Él seguía empeñado en su ceguera; ella se helaba por la falta de reacción.

Y , al final, entre tanto carnaval y calor calentando fríos corazones, a el chico del fondo se le helaba el corazón que ardía viendo como se iba la chica. La careta se la quitó al llorar. Ninguno la tenía, pero él era el único que se había quitado su imaginaría careta, que se escondía una triste faz inútil que desconocía cómo iba eso de disfrazarse y qué había que hacer.

Excelente prosa amigo Samuel
en ella encuentro las cosas cotidianas de las fechas especiales (medio contradictorio no?) me parece que todo el mundo cargamos un disfraz y a veces hay algún arriesgado
que se lo quita y se torna vulnerable
lamentablemente vivimos en un mundo así
Mis estrellas a tu pluma
cariños
Ana
 
Nadie se conoce


El mundo es una máscara: el rostro, el traje y la voz, todo es fingido: todos quieren aparentar lo que no son, todos se engañan y nadie se conoce. GOYA

La Luna llena brillaba desde su ventana lejana a la tierra. Lagrimeaba su manto helado. Las sombras se escondían de las farolas. Sólo se oían los ecos de entre los rincones de los garitos mal sanos que se encubrían con luces de colores para distraer las mentes de enmascarados.

Los carnavales han llegado, todos iban disfrazados. Todos se cubrían de la piel de alguna figura especial o no tan especial. Todos entraban, en fila en orden desordenado. Todos cogían su bebida a 3€ más cara de lo normal. Todos sacaban la carcajada de imitaciones, que encubrían con la careta.

Dos chicas se fotografiaban, intentando imitar la cámara de un Reality Show. Sacaban la lengua la una de la otra, derramando salivas una sobre la otra. El flash salió iluminando toda la instancia llena de grises mil colores y ruido. Se abrazaban por la cintura, mientras una se abrazaban a la otra sus cachis se derramaban entre la fricción de sus cuerpos.

A su lado, una chica le lanzaba miradas cargadas de fuego, como si se tratase de disparos de una revolver de un detective que busca un misterio dentro del gran puzle de su investigación. Su lengua se situaba y contoneaba como la serpiente que hizo que Eva tentara a Adán. Un chico lleno del calor de las miradas y del gas del alcohol, que encendió una llama en su cuerpo, se acercó a la chica que se arrinconaba a esa esquina del bar. Ella espantaba sus trozos de cristal con el ardor de un chico que hacía olvidar al anterior.

Más allá, casi cerca del fondo, se distinguía un grupo de chicos y chicas que charlaban, e intentaban vivir entre tanto circo de carnaval. Uno de ellos se arrimaba a su novia, pero miraba también a la chica del rincón que se insinuaba, y, aún así, con tanto calor en su cuerpo no podía evitar sentirse helado, no podía, ya, aguantar el dolor producido por algo que todo el mundo conocía, pero que nadie preguntaba por una mezcla de miedo y por la falsa alegría que intentaba ahuyentar a toda pregunta. Su novia, mientras, todo eso no le importaba, ya tenía suficiente con seguir bebiendo.

Lejos de la pareja, dentro del grupito, había un chico al que todo el mundo conocía y era amigo de todo el mundo; el chico decía no amar, que no quería porque un día le rompieron el corazón, pero quería como un idiota a la chica rubia de al lado. Sentados al lado del chico amigable y la rubia, había una pareja, él miraba a todas las chicas aunque dijera a su novia que era su amor, ella, mientras, no podía dejar de quererlo y abrazarlo, pero, en realidad, no lo amaba del todo sino porque en las noches se pasa mucho frío sino se pasa con alguien. Entre todos ellos estaban tres chicas que intentaban ahuyentar el grito de la monotonía con sus risotadas; la mayor iba siempre sería, aún, queriendo divertirse; la del medio esperaba, con las risas, que se apestaran los malditos estudios; la menor estaba peor que todas ellas, harta de estudios que deseaba en su ser la llevaran a un futuro mejor y que alguien se acercase a abrazarla. La última chica miró al fondo, una mirada fugitiva la había puesto sus ojos.

El chico de la mirada, solitario entre la conversación de dos amigos más interesados en sus mundos que en éste, vio como se acercaba la fijación de sus miradas. Intentó mirar al suelo y hablar con los dos idiotas. Ella, medio borracha de ser y no ser esa mascara, se cayó hasta allí, espantando a los sujetos que estaban cerca del chico.

Entre tanto carnaval e historia, el chico no dejaba de mirarla, ella provocaba con palabras, pero ninguna convulsionaba como la bebida lo hacía con el resto. Él seguía empeñado en su ceguera; ella se helaba por la falta de reacción.

Y , al final, entre tanto carnaval y calor calentando fríos corazones, a el chico del fondo se le helaba el corazón que ardía viendo como se iba la chica. La careta se la quitó al llorar. Ninguno la tenía, pero él era el único que se había quitado su imaginaría careta, que se escondía una triste faz inútil que desconocía cómo iba eso de disfrazarse y qué había que hacer.

Buena la escritura, me trasladaste al lugar de los acontecimientos. Me paseaste or las imagenes y los sentimientos de los jovenes participantes, Mis estrellas, abrazos y besos.
 
Bueno, cada escritor demuestra al final su propia personalidad, creo que más
que caretas, son corazones que igual pretenden hacer añicos su vida y la de los demás,
gracias por mostrar tu rostro mostrando desde donde estas en este baile que también
tu bailas, porqué y para qué en realidad estás, que no es por poesía toda tu realidad.
Logrando de alguna manera, aunque sea en un ratito en este baile de mascaras,
hacernos todos iguales, entonces podemos dormir por un momento felices y en paz.
Saludos cordiales,"AMIGO", desde Panamá.
 
Bastante bueno tu escrito Samuel, no soy la mejor prosista, estoy recién incursionando en esa rama, así que no puedo ayudarte mas, solo sigue tus instintos, y escribe desde el corazón, no permitas que nadie se atreva a decir lo contrario.Lo que hagas siempre lo debes hacer por amor, es mi humilde consejo y opinión.
saludos fraternos
Esperanzapaz
 
La vida es puro teatro y como tal vivimos... segun como lo mires.Buena prosa abrazos
 
Bello he interesante relato amigo Samuel, me tienes impresionada eres muy bueno en narrativa y ese es algo que no abunda en este portal, me han atrapado estas lineas, mis estrellas.
 
Gracias, otra vez, Ranula. Es lo que tiene tanto leer... XD, algo se te tiene que pegar, como botón: ayer, me leí, en un día, practicamente, un libro que me encanto y que recomiendo, que se llama: "La Soledad de los Números Primos" de un italiano llamado Paolo Giordano. Un saludo de Samuel.
 
Amigo Samuel me ha encantado tu relato. Si eres buen poeta, te superas en la otra faceta, tu prosa embelesa. Los demás son el espejo en el que nos miramos. Hay que mirarse bien en ese espejo porque de ello depende en parte lo que somos y lo mostramos. Besos, estrellas y aplausos por este excepcional relato.

Nadie se conoce


El mundo es una máscara: el rostro, el traje y la voz, todo es fingido: todos quieren aparentar lo que no son, todos se engañan y nadie se conoce. GOYA

La Luna llena brillaba desde su ventana lejana a la tierra. Lagrimeaba su manto helado. Las sombras se escondían de las farolas. Sólo se oían los ecos de entre los rincones de los garitos malsanos que se encubrían con luces de colores para distraer las mentes de enmascarados.


Los carnavales han llegado, todos iban disfrazados. Todos se cubrían de la piel de alguna figura especial o no tan especial. Todos entraban, en fila, en orden desordenado. Todos cogían su bebida a 3€ más cara de lo normal. Todos sacaban la carcajada de imitaciones, que encubrían con la careta.


Dos chicas se fotografiaban, intentando imitar la cámara de un Reality Show. Sacaban la lengua la una a la otra, derramando salivas una sobre la otra. El flash salió iluminando toda la instancia llena de grises mil colores y ruido. Se abrazaban por la cintura, mientras una se abrazaba a la otra sus cachis se derramaban entre la fricción de sus cuerpos.


A su lado, una chica le lanzaba miradas cargadas de fuego, como si se tratase de disparos de un revolver de un detective que busca un misterio dentro del gran puzle de su investigación. Su lengua se situaba y contoneaba como la serpiente que hizo que Eva tentara a Adán. Un chico lleno del calor de las miradas y del gas del alcohol, que encendió una llama en su cuerpo, se acercó a la chica que se arrinconaba a esa esquina del bar. Ella espantaba sus trozos de cristal con el ardor de un chico que hacía olvidar al anterior.


Más allá, casi cerca del fondo, se distinguía un grupo de chicos y chicas que charlaban, e intentaban vivir entre tanto circo de carnaval. Uno de ellos se arrimaba a su novia, pero miraba también a la chica del rincón que se insinuaba, y, aún así, con tanto calor en su cuerpo no podía evitar sentirse helado, no podía, ya, aguantar el dolor producido por algo que todo el mundo conocía, pero que nadie preguntaba por una mezcla de miedo y por la falsa alegría que intentaba ahuyentar a toda pregunta. Su novia, mientras, todo eso no le importaba, ya tenía suficiente con seguir bebiendo.


Lejos de la pareja, dentro del grupito, había un chico al que todo el mundo conocía y era amigo de todo el mundo; el chico decía no amar, que no quería porque un día le rompieron el corazón, pero quería como un idiota a la chica rubia de al lado. Sentados al lado del chico amigable y la rubia, había una pareja, él miraba a todas las chicas aunque dijera a su novia que era su amor, ella, mientras, no podía dejar de quererlo y abrazarlo, pero, en realidad, no lo amaba del todo sino porque en las noches se pasa mucho frío si no se pasa con alguien. Entre todos ellos estaban tres chicas que intentaban ahuyentar el grito de la monotonía con sus risotadas; la mayor iba siempre sería, aún, queriendo divertirse; la del medio esperaba, con las risas, que se apestaran los malditos estudios; la menor estaba peor que todas ellas, harta de estudios que deseaba en su ser la llevaran a un futuro mejor y que alguien se acercase a abrazarla. La última chica miró al fondo, una mirada fugitiva la había puesto sus ojos.



El chico de la mirada, solitario entre la conversación de dos amigos más interesados en sus mundos que en éste, vio como se acercaba la fijación de sus miradas. Intentó mirar al suelo y hablar con los dos idiotas. Ella, medio borracha de ser y no ser esa mascara, se cayó hasta allí, espantando a los sujetos que estaban cerca del chico.


Entre tanto carnaval e historia, el chico no dejaba de mirarla, ella provocaba con palabras, pero ninguna convulsionaba como la bebida lo hacía con el resto. Él seguía empeñado en su ceguera; ella se helaba por la falta de reacción.



Y, al final, entre tanto carnaval y calor calentando fríos corazones, al chico del fondo se le helaba el corazón que ardía viendo cómo se iba la chica. La careta se la quitó al llorar. Ninguno la tenía, pero él era el único que se había quitado su imaginaria careta, que se escondía una triste faz inútil que desconocía cómo iba eso de disfrazarse y qué había que hacer.
 
Gracias Lomafresquita, seguro que te gusta mucho más mi otro relato:"(Dis-) Utopía Amorosa. Esperpento Amoroso".

Un saludo de Samuel.
 

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