Samuel17993
Poeta que considera el portal su segunda casa
Forma parte de los Relatos Kafkiano parte I:
http://www.mundopoesia.com/foros/prosa-generales/347861-relatos-kafkianos-parte-i.html
Nadie se conoce
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Nadie se conoce
El mundo es una máscara: el rostro, el traje y la voz, todo es fingido: todos quieren aparentar lo que no son, todos se engañan y nadie se conoce. GOYA
Los carnavales han llegado, todos iban disfrazados. Todos se cubrían de la piel de alguna figura especial o no tan especial. Todos entraban, en fila, en orden desordenado. Todos cogían su bebida a 3€ más cara de lo normal. Todos sacaban la carcajada de imitaciones, que encubrían con la careta.
Dos chicas se fotografiaban, intentando imitar la cámara de un Reality Show. Sacaban la lengua la una a la otra, derramando salivas una sobre la otra. El flash salió iluminando toda la instancia llena de grises mil colores y ruido. Se abrazaban por la cintura, mientras una se abrazaba a la otra sus cachis se derramaban entre la fricción de sus cuerpos.
A su lado, una chica le lanzaba miradas cargadas de fuego, como si se tratase de disparos de un revolver de un detective que busca un misterio dentro del gran puzle de su investigación. Su lengua se situaba y contoneaba como la serpiente que hizo que Eva tentara a Adán. Un chico lleno del calor de las miradas y del gas del alcohol, que encendió una llama en su cuerpo, se acercó a la chica que se arrinconaba a esa esquina del bar. Ella espantaba sus trozos de cristal con el ardor de un chico que hacía olvidar al anterior.
Más allá, casi cerca del fondo, se distinguía un grupo de chicos y chicas que charlaban, e intentaban vivir entre tanto circo de carnaval. Uno de ellos se arrimaba a su novia, pero miraba también a la chica del rincón que se insinuaba, y, aún así, con tanto calor en su cuerpo no podía evitar sentirse helado, no podía, ya, aguantar el dolor producido por algo que todo el mundo conocía, pero que nadie preguntaba por una mezcla de miedo y por la falsa alegría que intentaba ahuyentar a toda pregunta. Su novia, mientras, todo eso no le importaba, ya tenía suficiente con seguir bebiendo.
Lejos de la pareja, dentro del grupito, había un chico al que todo el mundo conocía y era amigo de todo el mundo; el chico decía no amar, que no quería porque un día le rompieron el corazón, pero quería como un idiota a la chica rubia de al lado. Sentados al lado del chico amigable y la rubia, había una pareja, él miraba a todas las chicas aunque dijera a su novia que era su amor, ella, mientras, no podía dejar de quererlo y abrazarlo, pero, en realidad, no lo amaba del todo sino porque en las noches se pasa mucho frío si no se pasa con alguien. Entre todos ellos estaban tres chicas que intentaban ahuyentar el grito de la monotonía con sus risotadas; la mayor iba siempre sería, aún, queriendo divertirse; la del medio esperaba, con las risas, que se apestaran los malditos estudios; la menor estaba peor que todas ellas, harta de estudios que deseaba en su ser la llevaran a un futuro mejor y que alguien se acercase a abrazarla. La última chica miró al fondo, una mirada fugitiva la había puesto sus ojos.
El chico de la mirada, solitario entre la conversación de dos amigos más interesados en sus mundos que en éste, vio como se acercaba la fijación de sus miradas. Intentó mirar al suelo y hablar con los dos idiotas. Ella, medio borracha de ser y no ser esa mascara, se cayó hasta allí, espantando a los sujetos que estaban cerca del chico.
Entre tanto carnaval e historia, el chico no dejaba de mirarla, ella provocaba con palabras, pero ninguna convulsionaba como la bebida lo hacía con el resto. Él seguía empeñado en su ceguera; ella se helaba por la falta de reacción.
Y, al final, entre tanto carnaval y calor calentando fríos corazones, al chico del fondo se le helaba el corazón que ardía viendo cómo se iba la chica. La careta se la quitó al llorar. Ninguno la tenía, pero él era el único que se había quitado su imaginaria careta, que se escondía una triste faz inútil que desconocía cómo iba eso de disfrazarse y qué había que hacer.
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