la_piedra_insular
Poeta asiduo al portal
Nadie
en esta rotación de juegos amorosos
conjuga el arte de amar
ni el aire que huele a mariposa irreal
sorprende el eco de tu recuerdo,
una amapola en tu vientre
aveces se convierta en distancia,
tal vez nunca nos dijimos a los ojos
cuanto nos
amábamos
casi siempre las gaviotas
se alejaban de nuestras vidas
diciendo adiós,
una que otra lozanía despedazada los días...
nada insinuaba tu partida.
¿Que ves en mis raíces?
lo carnal esta en el beso que no te di.
Aquella turbia proclama de tus ojos
que lloran
¡ya ves que el miedo a tocar la luna estaba latente!
Nadie en este mundo de eternidad nos advirtió del frenesí
y un salto al vacío tu intima palidez.
Quedé anclado para morir mil veces de nostalgia,
la mirada que nos dio de beber la amargura
ahora cuando las alas sagradas se marchitaron con el polen de tu arrogancia y
nacimos en un mar de intenciones alocadas
como bebiendo en el desierto la ultima gota de amor que nos quedaba.
Nadie escarmienta en esta larga faja de tierra convulsionada
ni el polvo de tus recuerdos en el sofá
sacrificado al hijo,
¿donde nos hicimos infinitos acordes hasta desvanecer?
Nada ni nadie en este encantamiento
de las cosas
señalaron a los verdaderos amantes que huyen
y para no caer en las métricas aventuras de lo perfecto,
nos dejamos de ver...
Así los minutos entre el ruido de las avenidas
y el amor que irrumpe sin saber a quien amar
por los pasillos
se nos congeló.
en esta rotación de juegos amorosos
conjuga el arte de amar
ni el aire que huele a mariposa irreal
sorprende el eco de tu recuerdo,
una amapola en tu vientre
aveces se convierta en distancia,
tal vez nunca nos dijimos a los ojos
cuanto nos
amábamos
casi siempre las gaviotas
se alejaban de nuestras vidas
diciendo adiós,
una que otra lozanía despedazada los días...
nada insinuaba tu partida.
¿Que ves en mis raíces?
lo carnal esta en el beso que no te di.
Aquella turbia proclama de tus ojos
que lloran
¡ya ves que el miedo a tocar la luna estaba latente!
Nadie en este mundo de eternidad nos advirtió del frenesí
y un salto al vacío tu intima palidez.
Quedé anclado para morir mil veces de nostalgia,
la mirada que nos dio de beber la amargura
ahora cuando las alas sagradas se marchitaron con el polen de tu arrogancia y
nacimos en un mar de intenciones alocadas
como bebiendo en el desierto la ultima gota de amor que nos quedaba.
Nadie escarmienta en esta larga faja de tierra convulsionada
ni el polvo de tus recuerdos en el sofá
sacrificado al hijo,
¿donde nos hicimos infinitos acordes hasta desvanecer?
Nada ni nadie en este encantamiento
de las cosas
señalaron a los verdaderos amantes que huyen
y para no caer en las métricas aventuras de lo perfecto,
nos dejamos de ver...
Así los minutos entre el ruido de las avenidas
y el amor que irrumpe sin saber a quien amar
por los pasillos
se nos congeló.
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