Introspectivo.
Poeta adicto al portal
Tarde de domingo
salgo a caminar
apronto mi mate
y algo para fumar.
La plaza está radiante
y me invita a conversar,
el viento y las hojas rojas
me cuentan,
el otoño ya está acá.
Chupo la bombilla del mate
y enciendo mi cannabis,
besando sus labios de seda
tragando ese humo dulzón,
miro como arde la mecha
y siento cosquillas en el corazón.
De pronto pienso,
como no quiere el gobierno
que piense la gente.
¿Si yo tengo la posibilidad
de disfrutar de la yerba mate
y aunque inflado su precio
no deja de ser legal,
porque entonces no puedo
comprar en una farmacia,
marihuana medicinal?
medicinal o recreativa,
la que apacigua
y la que activa.
No paraguayo mal oliente
en una villa custodiada
por la misma policía.
Me paro como un resorte
¡Quiero Flores !
se escucha en el eco de la plaza.
me tranquilizo
y me vuelvo a sentar.
Tomo otro sorbo
de este amargo que me acompaña,
lo hace en las tardes, las noches
y junto al sol de la mañana.
Pienso en que haría
si también fuera prohibido,
y caigo en cuentas que es lo mismo.
¿Y si me prohibieran el árbol de la plaza,
o el aire que sus hojas me regalan?
tienen entonces derecho,
a prohibir lo natural.
¿Será que es peligroso,
porque me pone a pensar?
¿Será que no les conviene
que me ponga a pensar?
Me paro y camino...
pensativo pero vivo.
Esta duda que me agobia ,
no se irá de mí jamás.
salgo a caminar
apronto mi mate
y algo para fumar.
La plaza está radiante
y me invita a conversar,
el viento y las hojas rojas
me cuentan,
el otoño ya está acá.
Chupo la bombilla del mate
y enciendo mi cannabis,
besando sus labios de seda
tragando ese humo dulzón,
miro como arde la mecha
y siento cosquillas en el corazón.
De pronto pienso,
como no quiere el gobierno
que piense la gente.
¿Si yo tengo la posibilidad
de disfrutar de la yerba mate
y aunque inflado su precio
no deja de ser legal,
porque entonces no puedo
comprar en una farmacia,
marihuana medicinal?
medicinal o recreativa,
la que apacigua
y la que activa.
No paraguayo mal oliente
en una villa custodiada
por la misma policía.
Me paro como un resorte
¡Quiero Flores !
se escucha en el eco de la plaza.
me tranquilizo
y me vuelvo a sentar.
Tomo otro sorbo
de este amargo que me acompaña,
lo hace en las tardes, las noches
y junto al sol de la mañana.
Pienso en que haría
si también fuera prohibido,
y caigo en cuentas que es lo mismo.
¿Y si me prohibieran el árbol de la plaza,
o el aire que sus hojas me regalan?
tienen entonces derecho,
a prohibir lo natural.
¿Será que es peligroso,
porque me pone a pensar?
¿Será que no les conviene
que me ponga a pensar?
Me paro y camino...
pensativo pero vivo.
Esta duda que me agobia ,
no se irá de mí jamás.