Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
Desaparecen las intenciones oscuras.
Ya apenas las siento.
Desaparece su realidad.
Y con ella una lista interminable de dudas e interrogantes.
Cada vez más solo, me abstraigo en mis poemas.
Cada vez se aproxima más a mí la noción de la muerte.
Y le tengo un miedo, quizá escénico, quizá ultrasensorial.
Aquello que no percibo de ella es lo que escribo y me contradice.
¿Pueden convivir estas dos realidades?
¿O se resumen en alguna entidad suprema?
No es la duda, ni el interrogante, ni el miedo, ni siquiera el existencialismo.
¿Han escuchado la llamada de Dios en mi poesía?
Yo la escucho a veces.
En aquel ser indisoluble que no se puede crear en dos sentidos.
Como un silencio.
Es el alma el que calla.
Cuando no escribo, y me ahoga la idea no concebida de la muerte, pienso en la responsabilidad que tengo sobre mi vida.
Pero no encuentro nada.
Mi conciencia no alcanza nunca el abandono.
Pero cada vez se acerca a él con más vehemencia.