Alberto J. Pacheco Buezo
Poeta recién llegado
Trato de simular un gesto de sonrisa;
ante cada despedir,
vestida la voz de un “nos veremos”.
Oculta un alma de hombre oscurecido;
esconde la obra de tu alma en otra;
encúbreme un azul que sujeta estrellas
de tono gris, sin brillo ante la ausencia de…
Si, de ti.
Si se trata de desear, ¿Qué no deseo yo?
Un campo de distinto floraje para tu llegada cada amanecer.
y a palabras de bohemio: El campus en soledad,
y yo en la inmensidad con la necesidad,
de verme entre tus brazos.
No miento cuando digo: “Soy más rico que Gates”,
y lamento, que tampoco cuando sé que…
mi riqueza dura lo que un soplo en el viento.
El tiempo que es medible en cada abrazo.
pero cada día que pasa volvería a ser rico,
cuando tus besos se cruzaran con los míos,
y cada abrazo se volvería ante el anterior más tierno;
si fueren tuyos los presentes, que obnubilan mi entorno.
Hasta entonces, solo, te aguardo, melancólico y triste.
ante cada despedir,
vestida la voz de un “nos veremos”.
Oculta un alma de hombre oscurecido;
esconde la obra de tu alma en otra;
encúbreme un azul que sujeta estrellas
de tono gris, sin brillo ante la ausencia de…
Si, de ti.
Si se trata de desear, ¿Qué no deseo yo?
Un campo de distinto floraje para tu llegada cada amanecer.
y a palabras de bohemio: El campus en soledad,
y yo en la inmensidad con la necesidad,
de verme entre tus brazos.
No miento cuando digo: “Soy más rico que Gates”,
y lamento, que tampoco cuando sé que…
mi riqueza dura lo que un soplo en el viento.
El tiempo que es medible en cada abrazo.
pero cada día que pasa volvería a ser rico,
cuando tus besos se cruzaran con los míos,
y cada abrazo se volvería ante el anterior más tierno;
si fueren tuyos los presentes, que obnubilan mi entorno.
Hasta entonces, solo, te aguardo, melancólico y triste.