Negro

San León

Poeta recién llegado
Como la espuma de los mares
una oscura pesadilla.
El poeta termina
entre furiosas nebulosas.

La luz se apaga al oeste,
el corazón encoje.
- Se que ha vuelto el alma del niño.
Algo eterno tras los años.
Algo no muere,
pero yace,
yace bajo el peso de tus propios océanos.
Has visto tus alas fugarse
al irse el sol. Lo has visto.

Y en silencio, la noche trae en brumas
el áureo río distante y callado
de donde nace la sangre de las aves,
al pecho su libertad
y de donde tu sangre nace,
en tus manos, del ocaso el renacer.


Aquí terminó
el otoñó del alma.
-Navegaste un río extraño.
Dormiste de día, alma.
Y de noche me esperabas,
al otro lado de los distantes barrotes,
esperando a que yo mismo
me liberara.

Como agua sobre la hoguera,
la lluvia cayó a nuestras espaldas
y nuestras cálidas alas
dando de si el humo de la ceniza,
el alivio de las horas tras la larga noche,
y no pudimos más que llorar
ante el fin
del otoño del alma.

Y todo fue sencillo al fin,
al dejar las horas de erosionar
a su paso nuestras nocturnas alas.


Marchitaron los días en rededor,
hermano, mi alma.

A veces nos fuimos lejanos.
Nos fuimos extraños.
Y yo, desquiciado
andaba buscando las cadenas que a ti me ataran
para no hundirme.
Peleando en contra,
siempre.

Hoy renace el sol mismo que se marchó.
El que murió se lo llevaron
aquellos tristes cauces de la vida.
 

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