Melquiades San Juan
Poeta veterano en MP
Este tema es un punto de vista personal muy discutible y cuestionable, inexperta y desautorizada, tiene como fin proponer la reflexión sobre el tema.
Las opiniones expresadas en este tema son responsabilidad exclusiva del autor.
La luz subyuga la mente del hombre. A partir de ella define a todas las cosas. Crea figuras que le son afines, benéficas, familiares. Vuelve, todo lo relacionado con la luz, santo, místico, deseado, aprobado. Los significantes de luz y sombra son tan amplios que van más allá del campo mismo de la luminosidad, se internan por los senderos de lo grato e ingrato, de lo seguro y lo peligroso, de la belleza y de la fealdad, del conocimiento y de la ignorancia.
Hablo de nuestros filósofos occidentales, de los que manan los conceptos que alimentan a nuestra sociedad y su cultura, los que forman tantos criterios en los hombres pensantes. Y en ellos, con gran decepción, descubro, que no son libres del sitial de su percepción. Su visión y percepción de la humanidad es esclava del ego de su civilización nativa. A partir de ella hacen juicios del hombre y establecen probidades, derechos. Luego nos encontramos a un Gasset descalificando la presencia de los "inmerecedores" de atención en la Liga de las Naciones, donde se cuecen, como en la actual ONU, la disputa de intereses más que los de la justicia. "Esas voces que no deben estar ahí porque no se han ganado el derecho de opinar sobre el destino de la humanidad". O a Nietzche cuando opina que al sur de Norteamérica (casi dice) aún no hay seres humanos civilizados. Los seres que habitan ahí, no cuentan. No es culpa de ellos pensar que para merecer algún derecho primero hay que sujetarse al molde que han inventado, desde el cual miden lo que es o no civilización. El tema es viejo, la discusión es la misma, seres que tienen alma que les permita acceder al derecho de ser considerados como humanos.
Nos conmueve momentáneamente la acción suicida de especies o seres "menores" (el entrecomillado indica que se cuestiona esa percepción) ante el mundo que los hombres con derechos han construido para ellos. Un ejemplo de esto: los delfines, uno famoso, cinematográfico: flipper. Los ejemplos de otras tantas especies que han vivido al lado del hombre, a los que el hombre ha dado un trato miserable por su condición de animales considerados sin alma. El hombre miserable, el marginal, da todavía un trato más marginal y cruel a los animales que le son sujetos. Perros, caballos, mulas, asnos, etc, etc. Trato que parece inevitable pues la cadena alimenticia y de dependencia nos tiene cautivos en sus mecanismos.
En luz y oscuridad se reflejan tantos vanos conceptos que van más allá de los simples mitos, que interactuan como un liberador de los cargos de conciencia del hombre del mecanismo de discriminación, sumisión, explotación, esclavitud de otros sujetos y especies. Funciona en todas las mentes, las intelectuales y las vulgares, siendo en estas donde más se justifica en su provecho. Las otras, al alcanzar un mayor grado de reflexión "parece" que cuestionan tales principios. Es por ello que cito a algunos pensadores al inicio, para poder usar ese "parece" que al leerles, de nuevo hace dudar si la reflexión sirve o no para llegar a la conclusión de pensar que todo ser tiene derechos, conciencia que, por fortuna, está teniendo hoy más fuerza que antes al pronunciarse el hombre como defensor de los derechos de los seres, ya no solo los humanos, todo ser. Contraponiendo (de nuevo) a la idea de Gasset, de que, "la esclavitud es preferible a la muerte", cuando el pensamiento de hoy dice: no a toda forma de esclavitud, cuando la idea del ser humano de hoy, con conciencia en estos tópicos, dice: ninguna forma de esclavitud, ninguna forma de abuso, ninguna forma de acción criminal sobre otro ser, humano o no.
Pese a esto, las formas de esclavitud se han multiplicado hoy en día, hay esclavitud laboral, sexual, y hasta científica; sí la de esos seres de condición humilde, que forzados por secuestro o por trato comercial gracias al hambre, son vejados en sus derechos para extraerles sus órganos y trasplantarlos en el cuerpo de un hombre poderoso; la inoculación masiva, en el siglo pasado, a ciudadanos guatemaltecos con fines experimentales, la enfermedad de la sífilis.
La filosofía occidental poco ofrece como propuesta de vida a los seres humanos de otras etnias, a esos donde se ha expandido gracias, no a la pulcritud de sus pensamientos y filosofías, sino a su superioridad armamentista, al impulso que le proporciona la síntesis de su reflexión sobre los mecanismos de la vida, que le funciona y permite sembrar semillas que sobrevivirán los movimientos emancipadores de los pueblos a los que han sometido. El mundo occidental ha salido de sus dominios y ha llevado su sociedad a otras latitudes, y en la interacción con esas culturas y filosofías ha sido "civilizado" de una forma diferente a la suya. Durante el medievo, en sus guerras santas, interactua con pueblos que no estaban sumidos en el oscurantismo, conocen la alegría, la expresión del festejo de la vida y vuelven a sus dominios para transformar su sociedad oscura y prohibitiva del medievo en ese movimiento que denominan renacimiento. Claro que mi afirmación no es producto de la construcción de la historia de la cultura occidental, es una percepción que surge del analizar datos y fechas. Occidente jamás reconocería que ha sido civilizado por los pueblos "bárbaros", su alter ego jamás se lo permitiría. Pero las huellas de esa poderosa influencia están ahí, entre líneas, en su historia.
Al poder armamentista y religioso. Uno que elimina las resistencias en defensa de sus naciones y el otro que vuelve satánico, despreciable, malo, toda cultura que no tenga como fuente las bases del cristianismo.
Los demonios. Las oscuridades. Los patrones sobre lo feo y lo bello, sobre lo bueno y lo malo. Sobre lo divino y lo diabólico han sido llevados como yugo a otras latitudes y han servido como herramienta de conquista, y a la vez de destrucción, de las culturas avasalladas. No es ociosa la destrucción de sus símbolos en la interacción con las civilizaciones conquistadas. El epíteto de barbarie ha sido argumento para mostrarse como portadores de la civilización correcta, una civilización que como síntesis de su percepción de los mecanismos de la naturaleza les provee de cierta justificación para imponerse como superior al sometido e instaurar sobre ellos su dominio.
Figuras como Gandi, Martin Luther Kig, Marx, Mandela han sido factor determinante como contrapeso a esa visión justificadora de la depredación social de los diferentes, de las masas desfavorecidas. Esas voces significativas en nuestro proceso civilizatorio han contribuido con su pensamiento en la construcción de un mundo mejor que aún no se consolida. Nuestro mundo debe a esos mártires verdaderos el reconocimiento de los derechos del hombre y esto, por fortuna ha despertado en el hombre moderno una solidaridad fraternal hasta con esos seres incapaces de expresar sus propias querellas y anhelos de una vida digna: los animales.
La humanidad lamenta hoy en día el fallecimiento de un gran hombre, un gran pensador, voz incorruptible en la denuncia y reclamo de los derechos de un pueblo que por sus características étnicas se consideraba y trataba como inferior. Paradójicamente, los poderes que antes lo combatían y consideraban un peligro para su forma de vida, hoy le rinden homenaje y lo vuelven una bandera. Mandela, un símbolo vivo que proteje a los pueblos diferentes de la barbarie colonialista, esclavizadora y discriminadora. Ojalá que su figura no sea manejada, manipulada, como la de otras tantas otras para venir, a la postre, a servir a esos viejos y nefastos intereses.
La llamada civilización occidental, predominante en todo el mundo, no ofrece a sus propios pueblos elementos que propicien la igualdad, pues es la principal promotora del clasicismo y desigualdad que propende en ella. Hoy más que nunca se han hecho evidentes sus efectos en los individuos, en todos los niveles sociales, los privilegios de las clases dominantes se salvaguardan a costa de las mayorías. Gasset veía a la participación de las masas como un fenómeno incompatible con el modelo de civilización europea. Consideraba a las élites aristócratas el núcleo necesario para construir una sociedad sana, aunque señalaba a las aristocracias pasivas, las hereditarias, las parásitas, como aristocracias detestables.
Una consideración personal es que todas las aristocracias lo vienen ser a la postre (parásitas, sedentarias), se acomodan y se sirven de su posición. Son estas aristocracias difícilmente sujetas de la acción de la justicia por su propia condición de aristocracia.
Nota: Barbarie: los griegos definían a los pueblos con los que tenían conflictos limítrofes o de influencia política-económica como bárbaros, la razón -decían- era por su lenguaje, hablaban así brbr brbr. Luego los romanos llamarían bárbaros a los pueblos que no formaban parte de su civilización.
A Nelson Mandela, un hombre sencillo con un gran pensamiento: una voz grande y poderosa desde la cuna del sufrimiento, tan colectivo; una voz de todos que habla por todos para invitarnos a ser libres y a respetar la libertad de los demás.
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Las opiniones expresadas en este tema son responsabilidad exclusiva del autor.
La luz subyuga la mente del hombre. A partir de ella define a todas las cosas. Crea figuras que le son afines, benéficas, familiares. Vuelve, todo lo relacionado con la luz, santo, místico, deseado, aprobado. Los significantes de luz y sombra son tan amplios que van más allá del campo mismo de la luminosidad, se internan por los senderos de lo grato e ingrato, de lo seguro y lo peligroso, de la belleza y de la fealdad, del conocimiento y de la ignorancia.
Hablo de nuestros filósofos occidentales, de los que manan los conceptos que alimentan a nuestra sociedad y su cultura, los que forman tantos criterios en los hombres pensantes. Y en ellos, con gran decepción, descubro, que no son libres del sitial de su percepción. Su visión y percepción de la humanidad es esclava del ego de su civilización nativa. A partir de ella hacen juicios del hombre y establecen probidades, derechos. Luego nos encontramos a un Gasset descalificando la presencia de los "inmerecedores" de atención en la Liga de las Naciones, donde se cuecen, como en la actual ONU, la disputa de intereses más que los de la justicia. "Esas voces que no deben estar ahí porque no se han ganado el derecho de opinar sobre el destino de la humanidad". O a Nietzche cuando opina que al sur de Norteamérica (casi dice) aún no hay seres humanos civilizados. Los seres que habitan ahí, no cuentan. No es culpa de ellos pensar que para merecer algún derecho primero hay que sujetarse al molde que han inventado, desde el cual miden lo que es o no civilización. El tema es viejo, la discusión es la misma, seres que tienen alma que les permita acceder al derecho de ser considerados como humanos.
Nos conmueve momentáneamente la acción suicida de especies o seres "menores" (el entrecomillado indica que se cuestiona esa percepción) ante el mundo que los hombres con derechos han construido para ellos. Un ejemplo de esto: los delfines, uno famoso, cinematográfico: flipper. Los ejemplos de otras tantas especies que han vivido al lado del hombre, a los que el hombre ha dado un trato miserable por su condición de animales considerados sin alma. El hombre miserable, el marginal, da todavía un trato más marginal y cruel a los animales que le son sujetos. Perros, caballos, mulas, asnos, etc, etc. Trato que parece inevitable pues la cadena alimenticia y de dependencia nos tiene cautivos en sus mecanismos.
En luz y oscuridad se reflejan tantos vanos conceptos que van más allá de los simples mitos, que interactuan como un liberador de los cargos de conciencia del hombre del mecanismo de discriminación, sumisión, explotación, esclavitud de otros sujetos y especies. Funciona en todas las mentes, las intelectuales y las vulgares, siendo en estas donde más se justifica en su provecho. Las otras, al alcanzar un mayor grado de reflexión "parece" que cuestionan tales principios. Es por ello que cito a algunos pensadores al inicio, para poder usar ese "parece" que al leerles, de nuevo hace dudar si la reflexión sirve o no para llegar a la conclusión de pensar que todo ser tiene derechos, conciencia que, por fortuna, está teniendo hoy más fuerza que antes al pronunciarse el hombre como defensor de los derechos de los seres, ya no solo los humanos, todo ser. Contraponiendo (de nuevo) a la idea de Gasset, de que, "la esclavitud es preferible a la muerte", cuando el pensamiento de hoy dice: no a toda forma de esclavitud, cuando la idea del ser humano de hoy, con conciencia en estos tópicos, dice: ninguna forma de esclavitud, ninguna forma de abuso, ninguna forma de acción criminal sobre otro ser, humano o no.
Pese a esto, las formas de esclavitud se han multiplicado hoy en día, hay esclavitud laboral, sexual, y hasta científica; sí la de esos seres de condición humilde, que forzados por secuestro o por trato comercial gracias al hambre, son vejados en sus derechos para extraerles sus órganos y trasplantarlos en el cuerpo de un hombre poderoso; la inoculación masiva, en el siglo pasado, a ciudadanos guatemaltecos con fines experimentales, la enfermedad de la sífilis.
La filosofía occidental poco ofrece como propuesta de vida a los seres humanos de otras etnias, a esos donde se ha expandido gracias, no a la pulcritud de sus pensamientos y filosofías, sino a su superioridad armamentista, al impulso que le proporciona la síntesis de su reflexión sobre los mecanismos de la vida, que le funciona y permite sembrar semillas que sobrevivirán los movimientos emancipadores de los pueblos a los que han sometido. El mundo occidental ha salido de sus dominios y ha llevado su sociedad a otras latitudes, y en la interacción con esas culturas y filosofías ha sido "civilizado" de una forma diferente a la suya. Durante el medievo, en sus guerras santas, interactua con pueblos que no estaban sumidos en el oscurantismo, conocen la alegría, la expresión del festejo de la vida y vuelven a sus dominios para transformar su sociedad oscura y prohibitiva del medievo en ese movimiento que denominan renacimiento. Claro que mi afirmación no es producto de la construcción de la historia de la cultura occidental, es una percepción que surge del analizar datos y fechas. Occidente jamás reconocería que ha sido civilizado por los pueblos "bárbaros", su alter ego jamás se lo permitiría. Pero las huellas de esa poderosa influencia están ahí, entre líneas, en su historia.
Al poder armamentista y religioso. Uno que elimina las resistencias en defensa de sus naciones y el otro que vuelve satánico, despreciable, malo, toda cultura que no tenga como fuente las bases del cristianismo.
Los demonios. Las oscuridades. Los patrones sobre lo feo y lo bello, sobre lo bueno y lo malo. Sobre lo divino y lo diabólico han sido llevados como yugo a otras latitudes y han servido como herramienta de conquista, y a la vez de destrucción, de las culturas avasalladas. No es ociosa la destrucción de sus símbolos en la interacción con las civilizaciones conquistadas. El epíteto de barbarie ha sido argumento para mostrarse como portadores de la civilización correcta, una civilización que como síntesis de su percepción de los mecanismos de la naturaleza les provee de cierta justificación para imponerse como superior al sometido e instaurar sobre ellos su dominio.
Figuras como Gandi, Martin Luther Kig, Marx, Mandela han sido factor determinante como contrapeso a esa visión justificadora de la depredación social de los diferentes, de las masas desfavorecidas. Esas voces significativas en nuestro proceso civilizatorio han contribuido con su pensamiento en la construcción de un mundo mejor que aún no se consolida. Nuestro mundo debe a esos mártires verdaderos el reconocimiento de los derechos del hombre y esto, por fortuna ha despertado en el hombre moderno una solidaridad fraternal hasta con esos seres incapaces de expresar sus propias querellas y anhelos de una vida digna: los animales.
La humanidad lamenta hoy en día el fallecimiento de un gran hombre, un gran pensador, voz incorruptible en la denuncia y reclamo de los derechos de un pueblo que por sus características étnicas se consideraba y trataba como inferior. Paradójicamente, los poderes que antes lo combatían y consideraban un peligro para su forma de vida, hoy le rinden homenaje y lo vuelven una bandera. Mandela, un símbolo vivo que proteje a los pueblos diferentes de la barbarie colonialista, esclavizadora y discriminadora. Ojalá que su figura no sea manejada, manipulada, como la de otras tantas otras para venir, a la postre, a servir a esos viejos y nefastos intereses.
La llamada civilización occidental, predominante en todo el mundo, no ofrece a sus propios pueblos elementos que propicien la igualdad, pues es la principal promotora del clasicismo y desigualdad que propende en ella. Hoy más que nunca se han hecho evidentes sus efectos en los individuos, en todos los niveles sociales, los privilegios de las clases dominantes se salvaguardan a costa de las mayorías. Gasset veía a la participación de las masas como un fenómeno incompatible con el modelo de civilización europea. Consideraba a las élites aristócratas el núcleo necesario para construir una sociedad sana, aunque señalaba a las aristocracias pasivas, las hereditarias, las parásitas, como aristocracias detestables.
Una consideración personal es que todas las aristocracias lo vienen ser a la postre (parásitas, sedentarias), se acomodan y se sirven de su posición. Son estas aristocracias difícilmente sujetas de la acción de la justicia por su propia condición de aristocracia.
Nota: Barbarie: los griegos definían a los pueblos con los que tenían conflictos limítrofes o de influencia política-económica como bárbaros, la razón -decían- era por su lenguaje, hablaban así brbr brbr. Luego los romanos llamarían bárbaros a los pueblos que no formaban parte de su civilización.
A Nelson Mandela, un hombre sencillo con un gran pensamiento: una voz grande y poderosa desde la cuna del sufrimiento, tan colectivo; una voz de todos que habla por todos para invitarnos a ser libres y a respetar la libertad de los demás.
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