Alfonso Sáenz
Poeta recién llegado
Yo maté a la mariposa,
observé sus bellos pétalos de diosa, sacudían el polen
sobre mi abdomen en descanso,
flotaban sus pies descalzos,
dejaban sutiles huellas en el vacío espacio,
el espacio de mi idea envenenada,
¡carente de alma!
Emitía un mensaje con sus anteras,
gritaba con todas sus fuerzas
pero mi vista era sorda.
¡Yo maté a la mariposa!
Del jade reconfortante al alarmante carmesí,
lánguido en mis manos la mecí,
llovizna de mis ojos la hidrató.
¡Jamás despertó!
Decidí ser infierno en su paraíso,
se fue al paraíso eterno;
yo me quedé en mi propio infierno,
arrepentimiento eterno.
observé sus bellos pétalos de diosa, sacudían el polen
sobre mi abdomen en descanso,
flotaban sus pies descalzos,
dejaban sutiles huellas en el vacío espacio,
el espacio de mi idea envenenada,
¡carente de alma!
Emitía un mensaje con sus anteras,
gritaba con todas sus fuerzas
pero mi vista era sorda.
¡Yo maté a la mariposa!
Del jade reconfortante al alarmante carmesí,
lánguido en mis manos la mecí,
llovizna de mis ojos la hidrató.
¡Jamás despertó!
Decidí ser infierno en su paraíso,
se fue al paraíso eterno;
yo me quedé en mi propio infierno,
arrepentimiento eterno.