Juan Oriental
Poeta que considera el portal su segunda casa
En el tan mentado amor, yo nunca tuve lo que quise.
Y de tenerlo no fue mío; pues él, aspiraba a más.
Igual disfruté del halago de su tiempo semi-dedicado;
incluso un poco más allá de su fecha de caducidad.
Cuando pasó de mí, ajeno, arrogante e inalcanzable,
me lo creé yo; apócrifo, pero basado en su cualidad.
(Aunque para ello eché mano a material secundario
que usé y deseché y que infelizmente tenía corazón).
Y así, en desmedido anhelo y egocéntrico ojo por ojo,
el famoso amor quedó sin mí por ser tan turro como yo.
Dos inconformistas con razón; tampoco era el caso
ceder a lo impropio por temor de afrontar la soledad.
Yo lamento de alma los caprichos del amor, pero él,
podría ser más generoso con quienes lo sufrimos.
Lo cual sería pedir sámaras al peral, obviamente.
Y de tenerlo no fue mío; pues él, aspiraba a más.
Igual disfruté del halago de su tiempo semi-dedicado;
incluso un poco más allá de su fecha de caducidad.
Cuando pasó de mí, ajeno, arrogante e inalcanzable,
me lo creé yo; apócrifo, pero basado en su cualidad.
(Aunque para ello eché mano a material secundario
que usé y deseché y que infelizmente tenía corazón).
Y así, en desmedido anhelo y egocéntrico ojo por ojo,
el famoso amor quedó sin mí por ser tan turro como yo.
Dos inconformistas con razón; tampoco era el caso
ceder a lo impropio por temor de afrontar la soledad.
Yo lamento de alma los caprichos del amor, pero él,
podría ser más generoso con quienes lo sufrimos.
Lo cual sería pedir sámaras al peral, obviamente.
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